La pérdida de la inocencia

No corren buenos tiempos ni para la conciencia ni para el altruismo

23.04.2016 | 00:37
La pérdida de la inocencia

Se quebró el dulce sueño de los ingenuos, si aún lo conservaban. Se quebró su probada buena fe, la confianza en la bondad primigenia, en la solidaridad desinteresada, en la ayuda altruista al necesitado. Después de descubrir cómo aquellos a los que confiaban su hacienda les traicionaban. Después de observar cómo la insolvencia se convertía en la talanquera de los tramposos. Después de ver cómo los más avisados esquivaban al Fisco con toda la legalidad de su parte. Después de conocer las malas artes de tantas fortunas falsamente solidarias. Después de compadecer las propias desgracias con la mayor de los desheredados y soñar con el azar como lenitivo, se desvaneció la ilusión y la realidad se mostró reluciente con toda su acritud y dureza. Nadie hará por ti lo que tú no seas capaz de hacer, les recordaba el escéptico. Nadie te dará lo que tú no tengas.

Muchos lo sospechaban, algunos inducían señales y pistas por su oscura financiación, mientras otros, en silencio, ya habían probado su marca de fuego. Pero la mayoría permanecía embaucada, deslumbrada por los triunfos de los nuevos vengadores del pueblo, justicieros sociales dispuestos a dar su libertad y su vida por defender la justicia, por cercenar la omnipotencia de los poderosos y los abusos de los bancos y las grandes empresas contra los desamparados clientes. Luis Pineda, presidente de Ausbanc, y Miguel Bernard, secretario general de Manos Limpias. hasta ayer arriscados vindicadores de la justicia y adalides de los consumidores, fueron detenidos por el juez Pedraz de la Audiencia Nacional en una causa por supuestos delitos de extorsión, fraude de subvenciones, estafa, delitos contra la Hacienda pública, blanqueo capitales y organización criminal, por el riesgo de fuga tras la filtración de la investigación llevada a cabo por UDEF durante el último año. ¿Es delito conseguir que las familias paguen menos por su hipoteca? ¿Es delito denunciar las tropelías de los gestores bancarios? ¿Lo es, defender a los inversores de Afinsa del atropello de su intervención y cierre? ¿Por esto van a meterme en la cárcel?, se defendía el primero a través de su cuenta de twitter, para a continuación pedir amparo a la abogacía española contra el abuso.

No, no corren buenos tiempos para la conciencia cívica y el altruismo. Estupefactos ante el abuso de algunas medidas legales y la impotencia de los gobiernos ante el poder del mercado, muchos ciudadanos veían en los dos detenidos, a pesar de su pasado brumoso, a dos ciudadanos valientes, hartos de la omnipotencia de las grandes empresas frente a los inermes consumidores, cansados de la ineficacia de las instituciones oficiales, indignados de una interpretación de la ley que siempre declinaba a favor de los poderosos. No robaban a los ricos para dárselo a los pobres, sino que recordaban a los primeros que la ley era igual para todos; que también ellos, a pesar de su poder y su prosapia, a pesar de su escuadrón de abogados o sus relaciones con las altas instancias del Estado, debían cumplirla. No usaban la violencia como coartada, ni atentaban contra la integridad física de los poderosos. Pero las visitas, las cartas y las conminaciones privadas, la interposición de querellas y denuncias o su retirada, las amenazas de beligerancia en los medios y el muestreo de supuestas complicidades o connivencias de la judicatura, tenían más efecto intimidatorio que los trabucazos de los bandoleros o las misivas de los terroristas requiriendo el impuesto revolucionario.

Cuando la injusticia se extiende; cuando las instituciones decaen en la defensa de los ciudadanos; cuando esas mismas instituciones están regentadas por personas de dudosa probidad o culpa imputada; cuando los poderosos regatean la ley con impunidad mientras esta se aplica con rigor al resto de los ciudadanos; cuando, en definitiva, cunde la sensación de lenidad hacia los corruptos y de rigor para los desheredados, entonces hay un campo abonado para demagogos, populistas y justicieros, y el aplauso de los ingenuos se alza moral contra la mala fe de escépticos y desconfiados.

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