Indefensión aprendida

El comportamiento pasivo de una sociedad provoca la pérdida de derechos y libertades

07.04.2016 | 00:27
Indefensión aprendida

Esta expresión, propia de la neurociencia, describe el comportamiento animal en determinadas circunstancias: si a un ratón lo sometes a descargas eléctricas sin posibilidad de escapar de ellas, el ratón aprende a asumirlo, no emitirá ninguna respuesta evasiva, aunque la puerta de la jaula hubiese quedado abierta. Es decir, habría aprendido a sentirse indefenso y a no luchar contra ello. Sobre este campo de la sicología animal ha trabajado Martín Seligman. Este sicólogo norteamericano ha relacionado la indefensión aprendida con la depresión y otros trastornos mentales. Cuando a una persona se le castiga de manera continua sin importar lo que haga, dejará de intentar otra conducta y no responderá, aunque existan posibilidades reales de cambiar las cosas. Ha desarrollado una depresión y se ha convertido en un ser pasivo. Tiene una percepción de ausencia de control sobre el resultado de la situación que le afecta.

Me sorprendo cada día con actitudes que responden al modelo descrito. Se pueden encontrar en la convivencia diaria, en el seno de la familia, en la relación de pareja o en la paternofilial. El autoritarismo de un padre puede marcar la vida de un hijo; lo mismo ocurre si uno de los miembros del matrimonio ejerce un control férreo sobre la otra parte, puede causarle depresión, y no me refiero a ningún tipo de violencia de género.

En las relaciones laborales se da con frecuencia este comportamiento pasivo. Trabajadores que asumen con fatalismo su mala suerte, asumiendo sacrificios y renuncias sin rebelarse. El temor a perder su puesto, junto al riesgo de no encontrar otro, paraliza a estas personas. Esto está a la orden del día y los abusos por parte de los empresarios son muy frecuentes en España.

En las escuelas e institutos encontramos con frecuencia alumnos que se niegan a aprender, con una actitud negativa a integrarse en la dinámica de la clase. Se muestran desmotivados, apáticos y muestran con su comportamiento una total pérdida de confianza en sí mismos. Sienten que no pueden controlar lo que pasa en su relación con el proceso educativo y se muestran reacios a intentar cambiar. Es muy posible que resultados negativos previos y la falta de atención de padres y profesores hayan provocado en este alumnado lo que llamamos indefensión aprendida. Para romper esta fatal deriva, es urgente prestar ayuda a los niños y niñas con dificultades, no podemos dejar en el desamparo a quienes no hayan cumplido con los objetivos en alguna prueba, ni debemos propiciar la competencia en la clase. Tenemos que generar confianza y motivarles, para que cada cual pueda sentirse útil y capaz. Hay que reforzar positivamente, así mejorará su autoestima. Deben perder el miedo al error, hay que mitigar la angustia ante el reto del aprendizaje. Es tarea de todos los docentes, afrontar este desafío con humildad, pidiendo ayuda si es preciso. Hay que poner en primer plano la gestión de las emociones en el aula, eso exige más recursos y más personal. Algo que no atiende la nefasta ley educativa (Lomce), en trámite de ser suspendida.

La sociedad española manifiesta síntomas de indefensión aprendida, uno de los más evidentes es la desafección política. También lo es el abatimiento social, la postración ante lo "inevitable" de la situación. Esa que provoca injusticias sociales, pérdidas de derechos y recortes de todo tipo.

¿Por qué este comportamiento pasivo? ¿De dónde procede esta percepción de ausencia de control de lo que pasa? ¿El posible fin del bipartidismo nos sacará de esta abulia cívica? No son fáciles las respuestas, menos en un contexto mediático como el nuestro. Los medios de comunicación pretenden mantener a los ciudadanos en esa indefensión aprendida. Dedican titulares, exclusivas investigaciones y toda suerte de mentiras manipuladas, a legitimar el "estado de las cosas", el funcionamiento del sistema neoliberal corrupto, leal a los intereses del capitalismo financiero. Ellos inventaron aquellas falacias de que "vivíamos por encima de nuestras posibilidades", "no hay otra salida que los recortes de gasto público" y "no es posible otro modelo económico". Este cinismo informativo contribuye al adoctrinamiento de la gente que, desamparada, acaba en un estado depresivo y sumida en la resignación.

De cada uno de nosotros depende romper esta perversa indefensión. Claro que hay alternativas que funcionan, podemos mirar hacia algunos países del norte de Europa. Debemos ser más críticos y autónomos a la hora de informarnos, Internet nos lo permite.

Termino con unas esperanzadoras palabras de Seligman: "Se puede cambiar lo que se siente, cambiando lo que se piensa". Pues ya saben.

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