No importa quién gaste, tú serás quien lo pague

Nuestros políticos no parecen muy ingeniosos a la hora de analizar los problemas y solucionarlos

04.04.2016 | 08:16
Juan María de Prada

Es meridiano, la culpa siempre la tiene el otro. Aforismo que forma parte del bagaje argumental que a todo portavoz partidista se le entrega antes de bajar al foro de la controversia política.

Nuestros políticos no parecen muy ingeniosos a la hora de analizar los problemas, diagnosticar sus causas y proponer soluciones. Si están en la oposición, la culpa la tiene el Gobierno, y más allá, la Comisión Europea; si en el Gobierno central, las comunidades autónomas; si en estas, el malvado centralismo. Nada de corregir los propios errores o los análisis viciados, y menos aún los proyectos inútiles o el despilfarro. La capacidad de autocrítica, que la hay, por supuesto, se limita a la impericia en la comunicación. Es cierto, debemos reconocer nuestra falta de habilidad. No hemos sabido explicar la bondad de nuestro proyecto, dirán como justificación a su torpeza.

Hace unos meses, cuando el gobierno de Rajoy no estaba en funciones, sino en precampaña electoral, acusaba al comisario Moscovici de exagerar las cifras del déficit: nada menos que tres décimas por encima de lo previsto. Aseguraba el comisario europeo que la cifra del incumplimiento llegaría al 4,5% del PIB, cuando lo exigido era del 4,2%. Ya se sabía, Moscovici, francés y socialista, hacía campaña a favor del PSOE. ¡Era intolerable! España se ajustaría al déficit recomendado, aseguraba el ministro De Guindos. Pasadas las elecciones del 20-D, ya en funciones el Gobierno, las cosas tomaban otro color. El 11 de febrero Rajoy reconocía que el déficit de 2015 llegaría al 4,5%, cuando la Comisión Europea estimaba que alcanzaría el 4,7%. Y ahora, con las horas contadas para unas nuevas elecciones, el Gobierno anuncia la cruda realidad: el déficit subió al 5,16% del PIB. El ministro Montoro, indignado, ha echado la culpa a las comunidades autónomas, cuyo déficit se ha disparado al 1,6%. ¡Un derroche, oiga! ¡Así no hay quien pueda cumplir con rigor! Pero, tranquilos, buscará a los responsables del gasto y este año hará cumplir a rajatabla la Ley de Estabilidad Presupuestaria. ¡Mano dura es lo que hace falta! Y no le va a temblar el pulso para hacerla cumplir, ahora que ya no tiene mando y que todo apunta a que no lo tendrá, ni con elecciones, ni sin ellas.

Tranquilos nos quedamos, porque la acusación del ministro de Economía ha levantado enseguida olas de indignación entre las señaladas comunidades. El consejero de Hacienda de la Generalitat Valenciana, por ejemplo, ha asegurado que la desviación del 2,5% es culpa del Gobierno de Rajoy, mientras los responsables de otras comunidades achacan sus respectivas desviaciones al consabido mal reparto entre los gastos del Estado y los de las comunidades. Que cada cual aguante su palo.

Pero no se quedan ahí los rifirrafes. En esto nuestros políticos no son tardos. Como no podía ser de otro modo, la oposición también ha acusado al Gobierno: unos, de ocultar la cruda realidad y de no haber tomado las medidas necesarias para cumplir los compromisos; otros, de haber sucumbido a las exigencias de Bruselas y no combatir las políticas de austeridad. Que nadie diga que no lo denunciamos.

El caso es que la Comisión Europea advierte del importante ajuste que deberá acometer el próximo Gobierno. Nada menos que 23.600 millones de euros para llegar al 2,8% exigido, con un crecimiento estimado para 2016 de 2,7% del PIB; es decir, una disminución del 0,5% respecto al año pasado. Pero como todos los partidos anuncian aumento del gasto para atender las necesidades básicas de urgencia social, y ninguno alude a la urgencia de las medidas regeneradoras, de eficiencia administrativa y antifraude, de eliminación del pillaje y el despilfarro, que suprimirían no solo la desviación del déficit sino su misma existencia, el nuevo Gobierno que surja del difícil parto de los montes o de las ineludibles próximas elecciones deberá acometer nuevos recortes y subidas de impuestos para mayor gloria de los gobernantes y pena y agobio de los sufridos contribuyentes.

Así que, ya sabes, resignado elector y contribuyente, gaste el Gobierno central o los respectivos gobiernos de las comunidades, debes saber que el banquete que a bombo y platillo anuncian, serás tú quien lo pague.

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