Economista

Los impuestos, un arma de doble filo

La subida de tipos no significa incremento de recaudación

01.04.2016 | 00:25
Los impuestos, un arma de doble filo

No se puede crear prosperidad desanimando al ahorro, no se puede ayudar al asalariado aniquilando al empleador. Siempre que se gaste más de lo que se gana tendremos que enfrentarnos a problemas". (Abraham Lincoln)

Este pensamiento del que fuera presidente de Estados Unidos tiene plena vigencia. Nos gustaría que el próximo Gobierno de España lo tuviera muy presente en sus decisiones y actuaciones gubernamentales. Relacionado con él está lo que se haga con los impuestos. Es fundamental acertar en la política fiscal correcta, pues su interpretación puede ser engañosa y nos llevará así a errores tremendos. Algunos políticos creen que todo se puede arreglar subiendo los impuestos, mientras la experiencia histórica nos confirma que, a menudo, el incremento de tipos impositivos no significa aumento de la recaudación, sino todo lo contrario. La mayoría de las veces se recauda menos, influyendo negativamente en el déficit presupuestario y en el empleo, incrementándose la economía encubierta, que ya alcanza en España el 20% del PIB. Puede suceder que más impuestos produzca más defraudación, menos actividad económica y, por lo tanto, más desempleo.

Resulta muy corriente escuchar a determinados políticos afirmar que en España se pagan pocos impuestos si se compara con otras naciones europeas. Esto no se sostiene si analizamos cualquier estadística sobre el tema.

Si el lector quiere conocer su tributación, le aconsejo que anote los impuestos que tiene que pagar en proporción a un día. Relacionamos los más corrientes: Impuesto de la Renta de las Personas Físicas; Impuesto de Sociedades si es empresarios, impuestos por cualquier otro ingreso que obtenga como arrendamiento de locales, dinero a plazo fijo, cartera de valores mobiliarios; impuesto de Patrimonio si lo tiene que declarar, pago del IVA sobre todos los alimentos que consuma y reparaciones diversas; gravámenes sobre la electricidad, la calefacción y el carburante del coche. Estos últimos superan más del 50% de lo facturado. El IBI del Ayuntamiento, el de circulación del automóvil; el IVA del agua, teléfono, tabaco, bebidas alcohólicas? Podríamos seguir con la relación citada, pues los impuestos están en todas nuestras actividades económicas.

Aunque al principio del párrafo le recomendé a los lectores que anotaran todos los impuestos que tienen que pagar, tal vez lo más prudente sea no hacerlo si no quieren pillar un cabreo monumental. Por todo lo anterior, los gobiernos deben tener mucho cuidado con los impuestos y sus tipos impositivos. Generalmente, una subida de ellos nos lleva a una economía más oculta, más defraudación, menos actividad económica y por lo tanto más paro y es más saludable reducir gastos. Seguro que será fácil encontrar dónde suprimirlos sin perjudicar la eficacia en los diferentes servicios públicos.

Visto desde la vertiente individual, debemos tener claro que una subida de impuestos reduce los ingresos del contribuyente, influyendo negativamente en su consumo y en su ahorro. Si esto lo llevamos al campo macroeconómico, al disminuir el consumo estamos provocando menos ventas de las empresas e incidimos negativamente en el empleo. Un menor ahorro influye en menos inversiones empresariales y por lo tanto en menos contratación de personal. Los impuestos son, por tanto, un arma de doble filo. El sacrificio fiscal actual ya es bastante grande en comparación con los países de nuestro entorno. No confundamos presión fiscal con sacrificio fiscal, error cometido con frecuencia.

Un ejemplo a nivel individual nos aclarará el tema: Si un ciudadano obtiene unos ingresos anuales de 50.000 euros y tiene que pagar 10.000 mientras otro con 80.000 paga 16.000, la presión fiscal es del 20% para ambos, pero el sacrificio fiscal es mayor para el primero, pues sus ingresos anuales son inferiores en un 62,5%.

También suele decirse con frecuencia que lo que se impone es gravar fuertemente a los ricos, a las personas con grandes ingresos. Nos parece bien, pero mucho cuidado en no pasarse, porque la experiencia nos lleva a percibir que el impuesto, al final, lo pagan los de siempre, las clases medias, pues las grandes o medianas fortunas tienen muy buenos asesores que les despejan el camino a la emigración de capitales. No necesitan ir muy lejos: Andorra, Gibraltar, Luxemburgo, capital financiera de la UE, Londres? En todos estos países de Europa están los grandes bancos mundiales con los brazos abiertos para recibir todo tipo de dinero y activos financieros de forma totalmente legal, pues son miembros de la Unión Europea, donde se dan las tres grandes libertades; de personas, mercancías y capitales.

Para terminar, pongamos el ejemplo de Francia. En esta legislatura se aprobó un impuesto excesivo sobre el ingreso de los más afortunados. Esto dio lugar a una huida masiva de capitales a Luxemburgo, Londres, Suiza... Francia rectificó de inmediato, pero el famoso actor Gérard Depardieu ya estaba en Rusia con sus dineros y valores mobiliarios con su amigo Vladimir Putin, después de pasar por Bélgica y proclamarse exiliado fiscal.

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