La columna del lector

Recordando a mi hermana

28.03.2016 | 00:25

Ha muerto mi hermana Angelines, y digo mal, porque no es muerte que es entrada a la vida eterna a la cual estamos llamados desde que nacemos.

Vivió noventa años, plenos de ansias de hacer el bien, aunque a ella le pareciera que no había hecho nada.

Maestra vocacional de profesión, entregada siempre a sus alumnas, que la seguían recordando a pesar del tiempo transcurrido. Una de ellas se dio a conocer el día que la enterramos en Benavente. Sorbiendo sus lágrimas me dijo: No podía faltar, fue mi maestra querida a la que muchas no la podremos nunca olvidar.

Es cierto, se hizo querer por cuantas personas la trataron. Fue nuestra hermana mayor, pero siempre se sintió dependiente de las demás: era indecisa para todo, pero supo cuidar de nuestra madre y tía hasta que murieron con un amor especial. Se jubiló antes de la cuenta para atenderlas aún mejor. Dejaba a un lado su diabetes por entregarse a ellas. Más de una vez, cuando llegábamos a Benavente, mi marido y yo, la encontramos hecha un trapico por haberle dado una hipoglucemia, por quedarse la última para comer.

Sí, digo que fue indecisa para muchas cosas, en cambio al verse libre de cargas, tomó la decisión de venir a esta Residencia de San Torcuato, en Villaralbo, cosa de la que nunca se arrepintió. Cerró la puerta de su piso y aquí vino a vivir el último tramo de su vida.

Afirmo, sin equivocarme, que estos dieciséis años han sido los más felices de su vida: verse bien atendida de todo, sin precisar servidumbre ni pensar en las comidas (tanto como la mortificaban), querida por todos y mimada por su familia... eso, me decía, no tiene precio.

Cuando entró en la residencia ya venía tocada por los primeros síntomas del Alzhéimer. La profesionalidad de estos médicos hizo que se le fuera paliando y conteniendo durante años, pero ya hace dos que a mí no me conocía. Mas yo pensaba: ¡Qué importa! Si ella sabe instintivamente que estoy a su lado dándole cariño, acariciándola y queriéndola como ella se ha merecido?

Yo, en su nombre, desde este medio, agradezco de corazón a todo el personal que maravillosamente cumple con el deber de su profesión en esa inigualable residencia, porque lo hacen con un cariño, una delicadeza y una sensibilidad exquisitas, para tratar a todos los pacientes que allí se encuentran.

A todos, desde los médicos, las enfermeras, las auxiliares, que tanto bregan con ellos, psicólogas, animadoras sociales, cocineras, recepcionistas y todos los que estáis de día, los que estáis de noche, los que estáis en todo... ¡Gracias en nombre de mi hermana!

Que sigáis siendo ejemplo de cómo se tiene que llevar un lugar como este para albergar a los que vengan a pasar parte de su vida.

Marifé Pascual

(Zamora)

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