Buena jera

Ya se fueron (casi) todos

Tras el espejismo de la Semana Santa, vuelve la eterna pregunta: ¿y mañana qué?

27.03.2016 | 00:09
Ya se fueron (casi) todos

Como la devoción, la piedad, el recogimiento de los cofrades, el valor de las tallas y la implicación de la ciudad se dan por descontados, el exitazo o menos éxito (nunca fracaso) de la Semana Santa solo depende del número de turistas, factor directamente relacionado, dicen los expertos, con el tiempo. De ahí que ya nadie, ni siquiera en una tierra agrícola como esta, se rebele ante ecuaciones tan absurdas como las que rezan: si llueve, hace mal tiempo; si luce el sol, buen tiempo. No importa que se sequen los campos; lo trascendental es que las nubes no espanten a los visitantes y que, gracias a esta bonanza, se llenen los hoteles, los restaurantes, los bares, las cafeterías? Ahí radica gran parte del éxito de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Por consiguiente, esta del 2016 ha sido una Pascua feliz, de las que marcan época. Salvo algunas amenazas y descargas a principios de semana, la meteorología ha acompañado. De modo que miel sobre hojuelas y a esperar el año que viene. ¿Y mientras tanto?

Este inquietante "mientras tanto" comenzará mañana mismo, si es que no ha comenzado ya. En muchísimos lugares de Zamora hoy se pueden escuchar conversaciones que se repiten año tras año.

-¿Se ha ido ya la gente tuya?

-Sí. Han estado por aquí tres o cuatro días, los de las vacaciones, pero, claro, hace un rato que han arreado para Madrid. Con eso de las caravanas y los atascos, cada vez se van antes. Los chicos sí querían quedarse otro rato, pero? qué le vamos a hacer.

-Los míos también han acispado ya. Unos porque tienen que trabajar mañana; los niños porque no han acabado los deberes? en fin, que ya volvemos a estar solos y a pedir que llegue pronto el verano.

Si fuera posible acceder a ello, escucharíamos estas charlas en el cien por cien de los pueblos zamoranos. Y alguien añadirá que bendito sea el poder hacerlo porque, quizás, el año que viene ya falte, cosas de la edad, alguno de los interlocutores. Y entonces cambian, y mucho, las cosas.

-Otros que dejan de venir; ya no están los padres.

No es fácil sustraerse a estas reflexiones cuando uno ve el panorama que tiene alrededor y cuando comprueba que la situación empeora sin que nadie haga nada, o haga muy poco, o no sepa por dónde tirar, o, en el colmo de la ineptitud y la hipocresía, niegue la realidad o intente camuflarla con declaraciones triunfalistas.

La Semana Santa ha sido un exitazo. Los hoteles se han llenado. La ciudad ha rebosado de turistas. Todos se han ido encantados con la religiosidad, los monumentos, los pasos, el fervor, el silencio, la autenticidad. Todo perfecto, pero mañana, ¿qué?

-¿Y no podría ser todo el año Semana Santa?

-Habrá que intentarlo. No faltará quien se apunte.

-¿Y habrá turistas para tantos días?

-Ese es otro cantar, pero por nosotros que no quede.

Siempre que se acerca la Semana Santa, que aquí, en Zamora, es casi todo el año, me hago la misma pregunta: ¿qué sería de esta tierra si dedicará a otros menesteres la misma energía que vuelca en hermandades, cofradías, procesiones, desfiles, liturgias, salmos, misereres, rezos? Es probable que nos saliéramos del mapa, pero, ya ven, cada vez somos menos, más viejos y con la ilusión y la esperanza en la reserva y con pocos surtidores para llenar el depósito.

Cuenta el escritor leonés Julio Llamazares que cuando le preguntó al poeta Antonio Gamoneda por qué León era una ciudad tan conservadora, el Premio Cervantes le respondió: "¡Cómo va a ser una ciudad que se pasa medio año esperando que llegue Semana Santa para tocar los bombos y sacar en procesión a vírgenes y crucificados!". La frase, polémica y más en sitios como este, puede devolvernos a la casilla de salida, es decir a la pregunta de antes: ¿qué sería de Zamora si se volcara en proyectos económicos, sociales, culturales con la misma fuerza que en preparar, desarrollar y darle vueltas a su Semana Santa? La cuestión tiene estrambote: ¿se ha intentado alguna vez? Y más duro aún: ¿en muchas ocasiones, no han sido las mismas "fuerzas vivas" y las mismas instituciones que protagonizan la Semana Santa las que han frenado los escasos intentos de modernización de esta tierra? Mejor como estamos; que prosperen ellos.

Ya se han ido (casi) todos. Y a esperar al 2017 para que vuelvan y, si hace "bueno", podamos decir que todo ha sido un éxito. Otro más. Ya ni sabemos qué hacer con tantos. Habrá que exportarlos.

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