La Sentencia

La historia del paso esculpido por Ramón Núñez, discípulo predilecto de Ramón Álvarez

24.03.2016 | 00:03
La Sentencia

Cada uno de los pasos de la Semana Santa zamorana tiene su particular historia, desde que salió de la gubia del escultor hasta el día de hoy ha transcurrido un tiempo más o menos largo y han ocurrido cosas más o menos memorables; algunos son ya centenarios y constituyen obras de arte de las que los zamoranos debemos sentirnos orgullosos. De forma particular, he podido conocer con detalle los pormenores de la creación y primer desfile del paso "La Sentencia". El 23 de marzo de 1926 (se cumplen hoy noventa años) llegaba a Zamora el nuevo grupo escultórico "Jesús Sentenciado" tallado para nuestras procesiones por el artista Ramón Núñez, discípulo predilecto del imaginero zamorano don Ramón Álvarez.

"Jesús Sentenciado" salió del estudio que Ramón Núñez tenía en Valladolid y fue trasladado a Zamora para procesionar por primera vez en la Semana Santa de aquel año de 1926. Decían las, crónicas de aquella época que el artista señor Núñez no percibió más que el coste de los materiales empleados, cuyo rasgo de generosidad mereció el elogio y gratitud de todos los zamoranos.

El escultor Ramón Núñez quiso hacer la presentación del grupo escultórico pronunciando una conferencia en el Casino de nuestra ciudad, en la calle de Santa Clara, en el mismo lugar en el que continúa actualmente el Círculo zamorano.

Comenzó diciendo el artista que, al recibir el encargo de la Junta de Fomento de la Semana Santa de realizar el paso de "La Sentencia de Jesús" lo conceptuó como providencial, ya que poner su inteligencia al servicio de Zamora fue siempre su anhelo más grande, su admiración más ferviente, ya que si no había nacido aquí, era zamorano por adopción y por cariño, puesto que en Zamora se había formado y dio los primeros pasos en el Arte bajo la enseñanza del inolvidable maestro Ramón Álvarez.

El artista señor Núñez manifestó que había empezado el trabajo en los primeros días del mes de octubre y que en seis meses se empleó con el ardor y la fiebre agobiadora de cumplir la palabra que había empeñado con los zamoranos.

Decía el artista que la primera figura que había hecho fue la del sayón que va delante y que al hacerla tuvo en cuenta un judío aguerrido, guapo, pero a la vez repulsivo y antipático. Manifestó las dificultades que en la práctica tuvo que vencer técnicamente para conseguir la sensación de repulsión y antipatía en un personaje de facciones proporcionadas, esbelto y bello. La actitud del personaje en el grupo es difícil, su estabilidad momentánea, toda vez que desciende por una escalinata y casi en el mismo plano que el resto de las figuras del grupo.

La figura de Jesús, dijo haberla empezado una vez terminada la figura del sayón y que había encontrado en ella escollos insuperables. A pesar de ello, las dificultades las salvó con ayuda de la fe. Decía en la conferencia del Casino "No puede ocultarse a nadie lo difícil que es convertir un madero en estatua que encarne algo divino. A Jesús me lo figuré sencillo, elegante, frío, espiritual, ligero en su contextura y respirando grandeza. Y no se ha de ocultar que la figura de Jesús en mi paso, es trasunto de mi sentimiento y en su ejecución me aparté en absoluto del tipo de raza para dar vida al Jesús de mi imaginación y de mi corazón". Dijo que había colocado la figura erguida, recta y digna, que procuró que el ropaje en la caída de los pliegues fuera natural y que con obediencia pasiva sostuviera la afrentosa caña.

Sobre la figura de Pilatos, comentó que trató de hacer un tipo perfecto, fino, de porte distinguido y aristocrático cual correspondía a la figura representada; tenía que ser una cara reflexiva y preocupada, y además Pilatos desde que sentenció a Jesús tuvo que sufrir una gran tempestad en su espíritu que tenía su rostro en disgusto enorme, en contrariedad inmensa. Su cara tenía que dar la expresión de la injusticia, contraídas las comisuras de la boca y las cejas apesadumbradas con el peso del baldón.

La figura del negrito esclavo que respetuoso presenta la palangana, procuró darle vida y movimiento, siendo secundaria su participación en la escena y estando en un plano inferior a las demás figuras. La otra figura que aparece en el grupo es un hombre que, en la escena, trata de tranquilizar la conciencia de Pilatos y parece decirle: "No te preocupes ni te intranquilices. Es el pueblo el que lo quiere" y dijo el artista que procuró infundirle animación haciendo que una de sus manos se dirija a Pilatos y la otra a la plebe como señalando.

Verdaderamente, el artista Ramón Núñez hizo una descripción tan detallada de su obra que, cuando vemos el paso desfilar por nuestras calles el Jueves Santo por la tarde en la cofradía de la Vera Cruz, comprobamos que es una fiel descripción de lo que pudo suceder en aquella tragedia que conmemoramos cada año en la Semana Santa.

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