22 de marzo de 2016
22.03.2016
Teniente de alcalde de Zamora

Mujeres coraje que acompañaron a Jesús

Una reflexión que sirve para criticar a quienes miran hacia otro lado cuando el sufrimiento desfila por las calles

22.03.2016 | 00:14
Mujeres coraje que acompañaron a Jesús

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, mujer de Cleofás, y María Magdalena".

Cuando vinieron mal dadas y llegó la hora de dar la cara, solo estuvieron las mujeres y el joven Juan. Las mujeres que lloraban pero no por ello dejaron de acompañar a Jesús durante el camino del Calvario, le acompañaron en su agonía y le cuidaron y limpiaron antes de darle sepultura.

Eso dicen las llamadas Santas Escrituras. Y seguro que tienen razón, no por su condición de santas, sino porque son las mujeres quienes cuidan del dios de las pequeñas cosas.

María la madre, María la tía -hermana de la madre- y María Magdalena, una amiga que dicen algunos que era prostituta o como quiera que se llamara entonces.

En el camino del Calvario, la Verónica, una mujer anónima, limpió conmovida el rostro del sufrimiento.

Mujeres que sin darse importancia son las que ayudan, resisten, dan la cara mientras algún discípulo de los favoritos como san Pedro niega tres veces antes de que cante el gallo. Valientes mujeres por puro instinto, acostumbradas a ayudar sin que nadie les agradezca su trabajo, su coraje.

¿Dónde estaban los discípulos, los apóstoles, los amigos, los miles de seguidores, cuando Jesús cargaba con la cruz de la condena por sus palabras, revolucionarias, interpretadas como peligrosas para el poder del Imperio?

Sirva esta reflexión para apoyar a las mujeres que, en la Semana Santa desde sus inicios como en la sociedad, han estado en un segundo plano: en el del cuidado; en el de preparar las casas, las túnicas y las aceitadas; en el de bordar mantos y adornar con flores? Más recientemente, en el de desfilar y cargar como hombres.

Sirva también para criticar a quienes, hombres o mujeres, miran hacia otro lado o se esconden cuando el sufrimiento desfila por las calles. A los que en estos días no ven a los exiliados de Siria que piden atravesar nuestras fronteras, como no han visto a quienes huyen del hambre o de la guerra en pateras y hacen del mar que nos rodea un monte del Calvario.

Sirva finalmente para apelar a la responsabilidad de todos ante las injusticias que las decisiones de unos pocos provocan en una mayoría de pobres, parados, inmigrantes, exiliados? que están cerca esperando aunque solo sea la piedad y el llanto de las piadosas mujeres, de los hombres piadosos.

Como en la novela de Belén Gopequi "El padre de Blancanieves", debemos preguntarnos: ¿dónde estaba el padre mientras la madrastra la maltrataba? ¿No se daba cuenta, no miraba, no consideraba que era su responsabilidad?

En esta Semana Santa zamorana, tanto el señor obispo como el pregonero oficial y otros representantes han hablado de las penosas circunstancias sociales del mundo y de la propia ciudad, ante las que no podemos ser indiferentes ni escondernos. Porque son nuestra responsabilidad.

Nada que ver con los debates superfluos sobre palabras del juramento del silencio, desfiles de políticos y participación de las mujeres.

Había más mujeres anónimas: "María es la madre de Santiago el menor y de Joset, Salomé la madre de los hijos de Zebedeo, hay una cierta Juana y una tal Susana (Lc 8,3). Llegadas con Jesús de Galilea, estas mujeres le habían seguido, llorando, en el camino al Calvario (Lc 23,27-28)".

Mujeres y algún hombre como Juan que, si la Semana Santa pasara su Vía Crucis, estarían por amor, valientes y llorando, en la calle.

Quizás el Padre y el Hijo sean hombres. Pero el Espíritu que anima y resiste tiene nombre de coraje de mujer.

(Dicho todo desde el corazón y con respeto a cualquier otra opinión más fundada. Por supuesto).

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