22 de marzo de 2016
22.03.2016

Catalina de Inglaterra visita Zamora

La primera esposa de Enrique VIII acudió a la ciudad ya con el título de princesa de Gales

22.03.2016 | 00:16
Catalina de Inglaterra visita Zamora

La visita a Zamora, en junio de 1501, de Catalina de Aragón, hija menor de los Reyes Católicos, fue un acontecimiento de la mayor relevancia que habría de tener repercusión en la memoria histórica de sus habitantes. Los preparativos tenían que estar a la altura de las circunstancias y el Ayuntamiento debía tomar acuerdos que serían transcendentales.

El previsible paso por la ciudad de Zamora de la princesa Catalina, hija de los Reyes Católicos, de camino hacia Inglaterra ya convertida en princesa de Gales, requería gestionar, en primer lugar, la seguridad de su venida y la fecha de la visita. A tal fin, el Ayuntamiento acordó escribir al camarero mayor don Pedro Manrique, responsable máximo de la comitiva de la princesa, para pedirle confirmación expresa de la visita y solicitar su consejo sobre lo que la ciudad debía disponer para agasajar adecuadamente a la ilustre visitante.

Dos días antes de la llegada de la princesa se adoptan medidas para el alojamiento de las tropas de la Capitanía de García Alonso, que acudirían a la ciudad para rendir honores a doña Catalina. El capitán quedó alojado en la posada de Villafañe y sus tropas en otras cercanas de la calle Riego y zona de la ciudad conocida por Barrionuevo.

La víspera de la llegada, una vez recibida la respuesta de confirmación del mencionado camarero mayor, los regidores acuerdan el contenido del regalo para la princesa, el cual, no podía ser de otro modo, cabe calificar de principesco: "Acordaron que por cuanto la señora princesa de Gales ha de venir a esta ciudad mañana sábado y es mucha razón para que sea servida en ella especialmente según lo que escribió y envió a decir el comendador mayor de ella a esta ciudad, de servir a su alteza con diez terneras, cuatro toros, ocho cargas de vino, veinte cargas de cebada, doce docenas de aves, cincuenta botes de conservas, cien libras de confites y treinta y ocho hachas, lo cual consintió Francisco de Salamanca, procurador general, por ser pro y en honra de esta ciudad a su tierra".

También se acordó que para hacer entrega de los presentes se encargarán los regidores Juan Docampo y Alonso de Mazariegos. Dentro del programa de la visita estaba previsto que la princesa iría a ver los restos de san Ildefonso, para lo que sortearon quién la acompañaría para abrir el cofre donde están depositadas las reliquias, correspondiendo tal privilegio a Francisco Docampo y a García de Ledesma.

Por fin, el sábado 19 de junio de 1501 la princesa llega a Zamora. Parece ser que no se conserva vestigio documental del desarrollo de los acontecimientos, por lo que nos imaginamos la recepción extramuros, los discursos de bienvenida, las calles engalanadas, los zamoranos principales y sus mujeres vestidos con sus mejores ropas, el recorrido de la comitiva aclamada por todos los vecinos y muchos venidos de las comarcas cercanas, hasta alcanzar la plaza frente al Ayuntamiento, donde contemplarían el alarde de las tropas, la visita a la iglesia de San Pedro para honrar los restos de san Ildefonso, el banquete donde se consumiría buena parte del regalo de la ciudad, más tarde corrida de toros en el campo de la Feria y, por último, la cena, la fiesta y el alojamiento de la princesa en el palacio de los Enríquez. Probablemente la estancia debió prolongarse varios días, aunque no hay constancia de las celebraciones o festejos públicos que se celebraran.

Catalina de Aragón se alzó como una inesperada política en el reino de Inglaterra, donde vivió el acontecimiento más significativo de su historia: la, ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica. La reina, de origen madrileño, mantuvo la dignidad y el aprecio del pueblo cuando su esposo Enrique VIII la repudió y humilló públicamente para casarse con Ana Bolena. La posterior rivalidad de España e Inglaterra ocultó el hecho de que "la reina de todas las reinas y modelo de majestad femenina", según la describió William Shakespeare, fue una de las soberanas más queridas por el pueblo inglés.

La falta de un hijo varón y la aparición de una mujer extremadamente ambiciosa, Ana Bolena, una seductora dama de la corte, empujaron al rey a iniciar un proceso que cambió la historia de Inglaterra. Así, Enrique VIII propuso al papa una anulación matrimonial basándose en que se había casado con la mujer de su hermano. El papa Clemente VII, a sabiendas de que aquella no era una razón posible, sugirió a través de su enviado el cardenal Campeggio que la madrileña podría retirarse a un convento, dejando vía libre a un nuevo matrimonio del rey. Sin embargo, el obstinado carácter de la reina, que se negaba a que su hija María fuera declarada bastarda, impidió encontrar una solución que agradara a ambas partes. Si bien el pueblo inglés adoraba a su reina y parte de la nobleza estaba a su favor, fue la intervención del sobrino de Catalina, Carlos I de España, la que complicó realmente la disputa. Pese a las amenazas de Enrique VIII hacia Roma, Clemente VII temía todavía más las de Carlos I, quien había saqueado la ciudad en 1527, y prohibió que Enrique se volviera a casar antes de haberse tomado una decisión. Enrique VIII tomó una resolución radical, rompió con la Iglesia Católica y se hizo proclamar "jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra". En 1533, el arzobispo de Canterbury, Thomas Cramer, declaró nulo el matrimonio del rey con Catalina y el soberano se casó con Ana Bolena, a la que el pueblo denominaba "la mala perra".

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