editorial

El botellón del Jueves Santo no puede dañar la Semana Santa

20.03.2016 | 00:26
El botellón del Jueves Santo no puede dañar la Semana Santa

Zamora vive de lleno la celebración más internacional de la ciudad en una edición que pretende repetir el éxito de los dos años últimos en los que todos los aspectos de la Semana Santa volvieron a brillar como décadas atrás.

Arranca la Pasión sin que falten polémicas: una ya zanjada por el propio obispo de la diócesis, Gregorio Martínez, sobre la presencia política en las procesiones. Será la primera vez, desde 1925, que corresponderá a un hermano de la Cofradía del Silencio y no un alcalde quien haga la ofrenda de la ciudad ante el Cristo de las Injurias.

La Hermandad tomó la decisión de usar la prerrogativa que le otorgan sus estatutos tras declinar el alcalde, Francisco Guarido con argumentos absolutamente coherentes con su forma de pensar. Y así lo entendió y aplaudió el propio obispo. No podía ser de otra manera en un estado aconfesional como recoge la Constitución que respetar la decisión del regidor y aprobarlo por parte de la autoridad eclesiástica, la primera en demandar a quienes forman parte de las cofradías que observen vida acorde a lo que marca la Iglesia católica. Pura coherencia también por esta parte.

Solventada esa polémica que, a la postre, se traduce en una menor presencia de políticos que ni aportan más ni menos lustre a lo importante, que es la propia celebración, la Semana Santa llega este año con reforzado aliento con reivindicaciones como el Museo nuevo y con importantes celebraciones como los 75 años que cumplen la Cofradía del Vía Crucis y la Penitente Hermandad de Jesús Yacente. Dos señas de referencia para la celebración zamorana, con especial incidencia de esta última que se convirtió rápidamente en modelo a seguir y referencia sobre la singularidad de la Semana Santa zamorana y sus procesiones nocturnas. Así, publicaciones especializadas en viajes y turismo la consideran como la más impactante de cuantas se celebran en España. Un motivo más para luchar por esa candidatura a Patrimonio Inmaterial de la Unesco que se pretende desde hace años.

Pero las cofradías han señalado también elementos que amenazan a la cumbre que representa para la celebración la noche del Jueves al Viernes Santo: el botellón cada vez más numeroso que reúne a miles de jóvenes llegados de toda España a una cita convocada por las redes sociales que se ha convertido ya en algo tradicional, aunque de dudoso gusto y que tiene lugar en el parque de San Martín, a escasos metros de donde procesionan, precisamente esa noche, los cofrades del Yacente y, poco después, en la madrugada, la mítica Congregación de Jesús Nazareno.

Ya en el mes de febrero tanto la Junta pro Semana Santa como los vecinos de la zona y los hosteleros, que sienten perjudicado su negocio, alertaron sobre la necesidad de "erradicar" dicha práctica debido a los problemas de salud pública que entraña beber sin control en la calle y a los desórdenes habituales que siguen al botellón. El vallado de San Martín de los últimos años para nada disuadió a los jóvenes que reivindican su derecho a la fiesta, pero olvidan sus deberes de ciudadanos. Hasta 300 kilos de basura recogen los servicios municipales al día siguiente con el consiguiente gasto y mala imagen de la ciudad. Ello supone un gasto añadido que en el conjunto de los diez días este año alcanza los 34.000 euros. Un dinero que bien podría servir para fines más elevados que el de limpiar de suciedad y botellas vacías un parque, simplemente con que imperara un mínimo de civismo entre los convocados.

Ni siquiera con la ley en la mano puede impedirse una macrofiesta callejera que cada año va a más, puesto que la normativa del Gobierno regional contempla excepcionalidades que serían de aplicación en este caso. Así que parece la más apropiada la decisión adoptada por el Ayuntamiento: trabajos extraordinarios de limpieza, dispositivo especial de vigilancia, establecimiento de un servicio sanitario de emergencias en San Martín y una treintena de WC portátiles distribuidos estratégicamente.

Por lo demás, se trata de un fenómeno que se repite en la sociedad actual y en una parte de la juventud que liga peligrosamente el consumo de alcohol con el ocio. Más numeroso a medida que las nuevas tecnologías permiten conectar con cualquier otro punto geográfico. Es una cuestión que solo se llega a erradicar con educación, en el ámbito escolar, pero también en el familiar. Pretender una solución radical y por la fuerza sería, como mínimo, contraproducente e ineficaz. Pero, no nos engañemos, el botellón ni es cantera de Semana Santa ni representa al turista, joven o menos joven, que busca esa singularidad de la Pasión zamorana. Lo cierto es que el botellón de San Martín en poco o nada contribuye a resaltar unos días que siempre resultan inolvidables para los zamoranos que habitan en la ciudad, para los miles que regresan y las decenas de miles que nos visitan.

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