El delito no es la pobreza

Desenmascarando el pensamiento dirigido por el poder neoliberal

17.03.2016 | 00:18
El delito no es la pobreza

La ideología dominante es la ideología de la clase dominante. El pensamiento dirigido por el poder neoliberal ha de ser desenmascarado minuciosamente porque lo que está en juego son los Derechos Humanos y los de los Pueblos. El capitalismo, en su fase más cruda, refina los mecanismos que ocultan la lógica del productivismo y la destrucción, la del extractivismo por encima de las personas y sus intereses.

Los seres humanos, los otros animales, la naturaleza, la vida en fin. Todo al servicio del beneficio y la acumulación. Todo. También las ideas. Si el sistema económico imperante no cuidase la manipulación de nuestra forma de ver la vida, de interpretar el mundo que nos rodea, adquiriríamos un punto de vista lo suficientemente consciente como para darnos cuenta de la injusticia sistémica a la que estamos sometidos. Si viese las causas de la pobreza, el mundo acabaría con la pobreza.

En el Estado español, las políticas ejecutadas por los dos partidos del régimen han condenado a la exclusión a millones de personas. La explotación de la gente se ha intensificado para conseguir mantener e incrementar los beneficios de las grandes empresas. Desahucios, malnutrición, pobreza energética, educación al servicio de una minoría, sanidad cada vez más elitista y desprecio a las personas dependientes son solo algunas de las consecuencias de la (i)lógica capitalista que aquí se ha desarrollado de manera cutre en su modo fragmentado.

A través de la ideología, se inocula en la sociedad que la víctima es la delincuente. Pero las dieciséis mil personas paradas que hay en Zamora no son delincuentes. Las más de nueve mil quinientas que no encuentran solidaridad social, que no cuentan con ayuda, no son delincuentes. Las cincuenta mil pensionistas de nuestra provincia que deben salir adelante y apoyar a sus familias con poco más de setecientos euros al mes no son delincuentes. Las ciento veintitrés familias que fueron expulsadas de sus casas el año pasado no son delincuentes. No lo son quienes emigran. No lo son las madres preguntándose por qué sus hijos se quedaron sin derecho a calefacción.

El delito no es la pobreza. La pobreza es la consecuencia de los crímenes ejecutados a través de políticas cuyos efectos son la acumulación de poder en manos de unos pocos y, finalmente, la resultante y profunda desigualdad que permite que, en una sociedad donde hay recursos para satisfacer las necesidades básicas de todos, el uno por ciento de la población concentre tanta riqueza como el noventa y nueve por ciento restante, mientras hay niñas y niños que comen una vez al día y el único calor que reciben es el del abrazo de sus madres y padres. El delito son las políticas económicas y sociales de exclusión y explotación, implementadas desde unas instituciones al servicio de los poderosos.

Un ejemplo que ilustra de manera transparente su diseño elitista es el del Código Penal impuesto. La criminalización de la pobreza se consigue directamente condenando a quien hurta una bicicleta o a quien coge comida para alimentar a los suyos, acusándole de delitos contra la propiedad privada -y ya sabemos que la propiedad privada es dios-, mientras la responsabilidad directa de la muerte, el hambre y la enfermedad de miles de personas a causa de decisiones políticas nefastas o la corrupción se tratan de manera suave. El dolor en el estómago por no tener con qué llenarlo, el tiritar, la desatención básica de la salud, el desprecio y la exclusión social son hoy, en dos mil dieciséis, una cuestión política. La redistribución de la riqueza es una cuestión política. El expolio de los pueblos del sur, los sesenta millones de personas desplazadas o refugiadas, las guerras, los desahucios en Zamora y las casas de los barrios sin energía son decisiones políticas. Silenciar esta realidad es una decisión política.

Los pobres son víctimas de saqueos, asesinatos, desalojos, discriminación? Son víctimas y no culpables. Porque culpable es quien privatiza los servicios básicos mientras identifica al pobre con el vago y el inadaptado. Culpable es quien le quita la dignidad al indefenso para venderla y de regalo le estampa una letra escarlata. Culpable es quien especula con el urbanismo en vez de fomentar un parque municipal de vivienda social, en vez de recuperar para todas las personas los servicios públicos, en vez de redistribuir igualitariamente los recursos.

Realismo, democracia y fuerza frente a la mentira, el autoritarismo y la mezquindad de quienes gobiernan contra el bien común. Hay que pelear porque en ello va la vida. Hay que mirar con orgullo y con ganas de luchar. Hay que gritar que no, que el delito no es la pobreza, sino las políticas que la causan. "Ustedes, imponiendo esas políticas desde sus atalayas, son responsables directos de tanto sufrimiento. Sus decisiones son crímenes. Ustedes, criminales".

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