La decepción y el resentimiento son malos consejeros

La tolerancia debe ser la máxima a respetar por todos los integrantes del Parlamento

08.03.2016 | 00:17
La decepción y el resentimiento son malos consejeros

Hace bastantes años, cuando yo comenté con un inspector de Enseñanza Media la conducta adversa de un compañero catedrático, me dijo, él: "X es un resentido; y lo malo de los resentidos es que muchas veces tienen razón". En el caso, la "razón" del resentimiento era que, habiendo desempeñado con mucha laboriosidad y eficacia la cátedra de dibujo y la dirección en un instituto de la provincia de Ciudad Real durante bastantes años, solicitó "comisión de servicios", el curso 78-79, en el instituto en el que la superioridad encomendó a otra persona las enseñanzas de dibujo; y la dirección, sin solicitarla, a mí, que había puesto en marcha como director el primer instituto de la localidad, el curso 77-78.

Aquí se trata de sucesos recientes en el Congreso de los Diputados. Desde hace bastantes días se venía atribuyendo a un partido político la afinidad con tendencias de derechas; y esa era la que correspondía a sus manifestaciones en la campaña electoral y antes de ella. Pero el líder de tal partido, sorpresivamente para muchos, llevó a cabo un "pacto o acuerdo" con el líder del Partido Socialista, propuesto por su majestad el rey para ser investido como presidente del Gobierno de España. El acuerdo fue recibido muy mal por el resto de los partidos y, entre ellos, por el líder del Partido Popular, principal adversario del candidato preferido y objeto de rechazo para todos los partidos. Este líder había atacado el acuerdo en su manifestación más importante, contra lo que venía sucediendo antes de la aparición de tal acuerdo. De aquí resultó que, a partir de esa alusión, el señor Rivera, líder del partido Ciudadanos, atacara duramente al señor Rajoy, con gran sorpresa de todos. Y llevó el ataque hasta su intervención en la segunda votación -que resultó en contra de la Investidura-, desfavorable para el candidato propuesto por el rey Felipe VI. Por otra parte, el líder del partido político Podemos, en su fuerte ataque contra el acuerdo firmado por don Pedro Sánchez y don Albert Rivera, profirió una frase gravemente insultante contra Felipe González, persona muy considerada en el Partido Socialista Obrero Español. Esta diatriba del señor Iglesias ha sentado muy mal en los votantes del socialismo y se ha atribuido al odio. Mi atribución a un resentimiento se basa en palabras de don Felipe González, quien denominó al señor Iglesias "un buen discípulo de don Julio Anguita". Los que hemos conocido la vida política de España desde los inicios de la Transición conocimos la animadversión que Julio Anguita se ganó, en su indomable rectitud, con los dirigentes de las llamadas izquierdas de aquellos tiempos; esa animadversión tuvo como consecuencia un trato de franca enemistad, en la que dieron a Anguita motivos de sufrimiento y hasta de grave quebrantamiento en su salud. Esos acontecimientos pueden ser muy dignos de un resentimiento en un discípulo que ama a su maestro.

No se hicieron esperar las reacciones contra las palabras del señor Iglesias. Llovieron desde todos los ámbitos dominados por el PSOE. Una alusión incriminatoria contra don Felipe González es algo que en su partido resulta más fuerte que una frase herética en el cristianismo del siglo XVI. Y no digo nada si a alguien se le ocurre juzgar el artículo que suscitó la anécdota en un escritor de fama nacional, ya que este señor tuvo la ocurrencia de minimizar el insulto del líder de Podemos, añadiendo otros muchos al caso citado de la participación de González en las fechorías del GAL. Seguramente que la frase injuriosa tendrá como resultado la imposibilidad de coalición entre el PSOE y Podemos. De aquí la inconveniencia de dejarse llevar por el resentimiento, aunque fuera dentro de la impetuosidad de la batalla dialéctica. Por lo que se refiere al líder de Ciudadanos, señor Rivera, es manifiesto que, habiendo fracasado el señor Sánchez en su intento de conseguir la investidura, en las dos votaciones que tuvieron lugar, no es muy lisonjera la posición del señor Rivera, si -como es de suponer- recae en el señor Rajoy -o persona al señor Rajoy vinculada- el cometido de pretender la Presidencia del Gobierno de España. Opino que el señor Rivera debió recibir con más tolerancia el juicio del señor Rajoy sobre el "acuerdo" presentado y defendido por el líder de Ciudadanos junto al líder del PSOE. Ya el mismo acuerdo pondrá en situación difícil -juzgado desde la derecha- al señor Rivera; pero defenderse atacando inmisericorde agrega un punto considerable de dificultad. Por estos motivos, dejarse llevar por la decepción o el resentimiento no es aconsejable, sobre todo en situaciones ofrecidas en el terreno parlamentario, en el que juega mucho la tolerancia.

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