Día tras día

Volver a empezar

Sánchez acaba preso de la implacable pinza formada por PP y Podemos

06.03.2016 | 00:30
Volver a empezar

Lo que tenía que pasar, pasó. No hubo milagro en el Congreso y el candidato socialista Pedro Sánchez volvió a ser derrotado, con el apoyo tan insuficiente de Ciudadanos, preso de la pinza formada por PP y Podemos, implacables hasta el final, tal y como todo el mundo esperaba dado que ya se habían agotado todos los límites para la sorpresa en las intervenciones broncas de sus líderes tanto en las sesiones de investidura del martes y miércoles como en la del viernes que suponía ya la última oportunidad antes de enfrentarse a una situación que aboca a nuevas elecciones generales.

Toca, pues, volver a empezar partiendo de las casillas de salida. Tiempo hay por delante: dos meses antes de que el rey convoque la celebración de otros comicios que serían, como se sabe, el 26 de junio -ferias de San Pedro en Zamora- si los partidos no llegan a ponerse de acuerdo para formar Gobierno. Algo que sigue pareciendo tan difícil como antes, casi imposible de hecho. Salvo en el caso, claro, de PSOE y Ciudadanos, pero es un pacto sin el menor atisbo de futuro, como se acaba de comprobar, y que por tanto no se repetirá a no ser que PP o Podemos garantizasen una abstención que no se va a producir y mucho menos en el caso de los populares, dispuestos a quemar sus últimos cartuchos antes de consumar la debacle inevitable. Serían Rajoy y Pablo Iglesias los más perjudicados, seguramente, en unas nuevas elecciones, según indican las tendencias que se van conociendo en los sondeos publicados, mientras por el contrario, Sánchez y Rivera, inmolados en la investidura fracasada, han ido al alza pese a la derrota, recuperando enteros y siendo ahora los líderes políticos mejor valorados por una sociedad harta y desencantada una vez más.

La última sesión de investidura, convencidos todos de que nada iba a cambiar, fue más de frases y posturas que de otra cosa. Sánchez insistió en pedir la ayuda de los demás para un programa político social y de reformas, pero lógicamente lo hizo sin la menor convicción y se le notaba. Rivera estuvo dentro de la línea moderada por la que anda haciendo equilibrios pues teme que un acuerdo final en estos dos meses entre PSOE y Podemos deje marginado a su partido. Absurdamente arrogante y despectivo, con lo que el hombre tiene encima, Rajoy, que llegó a decir que lo sucedido no era sino también una muestra de corrupción, como si la gente no supiese cuál es y dónde está la corrupción. Iglesias, por su parte, quiso tender puentes con Sánchez, recurriendo al llamamiento personal.

Parece que el rey no convocará esta vez a los candidatos y no designará por tanto a uno de ellos para que forme Gobierno. La situación, desde luego, es muy razonable, pues nadie se ha movido y todos continúan con sus vetos y líneas rojas. De modo que corresponde a los partidos mover ficha y si alguno de ellos consigue un pacto formal y suficiente será encargado por el jefe del Estado de intentar la investidura. Habrá conversaciones, en este tiempo, sí, pero lo más probable es que no se pase de ahí, relegando el interés de la nación a los intereses partidistas que son los que fuerzan la vuelta a las urnas.

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