Si el necio aplaude, peor

El panorama sin salida por falta de mayoría clara de un partido en el Congreso de los Diputados

26.02.2016 | 00:09
Si el necio aplaude, peor

Los fabulistas españoles son unos pedagogos extraordinarios. Presentan una verdad de forma amena; los protagonistas son animales, con lo cual evitan atribuir a personas determinadas o individuos de "clases" definidas la verdad que quieren comunicar; y, después, nos presentan de forma clara y resumida lo que han querido ofrecer en la exposición amena. Me está escarbando en la memoria, a la vista de lo que ocurre en España a partir del 20D, aquella fábula en la que el animal perito en lo que se trata no emite juicio alguno sobre lo que se dice; en cambio, cuando llega el turno a un animal ignorante por completo en lo que se está tratando, manifiesta su aprobación con un aplauso entusiasta. Y nos dice el fabulista ante lo sucedido: "Guarde para su regalo/ esta sentencia el autor:/ Si el sabio no aprueba? ¡malo!/ Si el necio aplaude? ¡peor!".

Desde las elecciones generales del pasado 20 de diciembre se han dado varios intentos de coalición por parte de los distintos líderes políticos. Intentó el líder del Partido Popular unir a su empresa a los líderes de Ciudadanos y Partido Socialista Obrero Español. Con el primero consiguió un no rechazo, aunque tampoco logró apoyo claro; el segundo, desde el principio se negó, no solo a convenir con el PP en un pacto, sino a sentarse a hablar siquiera con el señor Rajoy, líder del Partido Popular. Apoyado por el comité general de su partido, dijo, desde el primer momento, que "nada con el Partido Popular; y "no" es no, señor Rajoy". Después de la segunda ronda de entrevistas celebrada por el rey, jefe del Estado, con los líderes de todos los partidos políticos presentes en el Parlamento (menos alguno que se declaró "no súbdito" y, en consecuencia, no quiso acudir al llamamiento del rey), Felipe VI designó al líder del segundo partido más votado que intentara la investidura de presidente del Gobierno. Pedro Sánchez se ha propuesto salir victorioso en la sesión de investidura; y ha intentado conseguir el apoyo de los partidos de izquierda, excepto dos manifiestamente independentistas. Ha cumplido su palabra de "hablar con todos los representantes de los partidos políticos", incluso un breve encuentro con el señor Rajoy, del Partido Popular. Dos partidos políticos (Ciudadanos y Podemos) se han manifestado "incompatibles entre sí". Por consiguiente, aunque haya "mimbres" para acuerdo en algunos puntos, de ninguna manera ha querido significarse -por el momento- el señor Sánchez por acuerdo claro con alguno de esos dos partidos. Por otra parte, el líder de Podemos ha establecido unas reuniones con varios partidos -nacionales o regionales- de su signo izquierdista. Y, hasta el momento, tampoco hubo acuerdo por esa parte.

Ante esta situación, en la que se encuentra la política nacional española, yo me he permitido aplicar la solución del fabulista español aludido al principio: si de estas reuniones de la izquierda no resulta un acuerdo? malo!; si resultara un Gobierno para España de esa colección de partidos? ¡peor!. En efecto: La no coincidencia entre partidos, tal vez coincidentes en lo principal de sus ideologías, significará que en nuestro país domina la falta de sentido común, hasta tal punto que no somos capaces de ponernos de acuerdo sobre asuntos accesorios, incluso cuando tenemos ese acuerdo en lo principal. Y eso no es bueno. Pero? si ese grupo de partidos de izquierda llegan a ponerse de acuerdo y forman un Gobierno viciado por tal diversidad, el resultado es? ¡peor para España! A fuerza de sacrificios experimentados los últimos cuatro años, hemos conseguido: ver en el horizonte la salida de la profunda crisis en que estábamos sumidos a finales de 2011 y hemos conseguido, también, tener la confianza (dentro y fuera de nuestro país) de los inversores que pueden proporcionar riqueza y bienestar, para todos, y empleo para españoles en el paro. Si, incluso prescindiendo de la bondad o malicia de sus ideologías, se llega a un Gobierno de coalición entre una docena de partidos, no quiero ni imaginar siquiera lo que tal solución significaría para España. Lo único bueno sería que tal Gobierno durara "menos que un pastel a la puerta de un colegio". Una vigencia duradera representaría reuniones de Consejo de Ministros infructuosas por el desacuerdo imaginable. ¿Qué nos queda, si esa coalición no ocurre? ¿Una tentativa de investidura por parte del señor Rajoy? ¿Unas nuevas elecciones generales? Lo último sería lo más democrático. Pero solo nos queda decir: ¡Que sea lo que Dios quiera! Ese es el líder más sabio que podemos tener.

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