La columna del lector

Cambio de paradigma comercial

19.02.2016 | 00:21

Recuerdo que hace años, cuando paseaba por las calles, los comercios que uno podía ver que ocupaban los locales estaban eran de personas que desarrollaban un oficio. Así se podían ver panaderías, zapaterías o zapateros, mercerías y costureras, tiendas de retales, ferreterías, papelerías, carnicerías, pescaderías, fruterías, tiendas de electrodomésticos, librerías, droguerías, "colmados" o pequeñas tiendas de barrio donde se podían encontrar una diversidad limitada de productos de primera necesidad, bodegas, etc. En la actualidad, uno se da un paseo por esas mismas calles y los negocios que ocupan los mismos locales han cambiado mucho. El cambio de sociedad y la crisis que sufrimos desde hace casi una década ha dado un vuelco a todo. Unos negocios dejaron de ser rentables por los cambios de la sociedad, así la tienda que te vendía tela a metros, o la mercería ya que pocas y pocos cosen ya. Otros negocios han dejado de ser rentables por la llegada de las nuevas tecnologías, como las librerías, y otros por la aparición de las grandes superficies comerciales, así los colmados, las papelerías y las tiendas de electrodomésticos dejan de ser competitivos ante los precios de las grandes marcas de almacenes. Muchos han desaparecido o están en ello. Es algo normal, aunque pueda provocar nostalgia, es la evolución de la sociedad y hay que adaptarse. Se busca el máximo beneficio con el menor coste. También existen cambios debidos a los movimientos migratorios y la globalización: así por ejemplo, los "bazares chinos", antes conocidos como todo a cien regentados por autóctonos, ahora solo desarrollan los llegados desde el país asiático que venden productos mucho más barato que en otros comercios. Hasta aquí no tiene nada de malo, evolución y competencia, es el mercado. El problema empieza cuando se observa que han aparecido toda una serie de negocios que aparecen para tiempo determinado, aprovechando la coyuntura y para sacar tajada mientras se pueda, no existe ética de ningún oficio: compro oro, locales de determinadas empresas de móviles o Internet que abren y cierran.

Son muestra de capitalismo neoliberal radical donde no se aprecia ni se desarrolla una profesión, sino solo, como decía, ganar dinero rápido. Pero, si el problema empieza allí, los peores de todos están por nombrar, son las franquicias de empresas estafadoras que buscan hacer dinero y no tanto dar un servicio, cuando no directamente dejan a sus clientes abandonados y estafados tras un cierre inesperado cuando habían pagado los servicios que debían de darse. De esto hay muchos ejemplos, ejemplos de ello es lo que pasó hace años con las escuelas de idiomas Opening English. O de lo que ha pasado hace pocos meses con una empresa de clínicas dentales (Funnydent), y ahora de nuevo sucede en otra franquicia de clínicas dentales (Vitaldent) donde la cúpula lleva tiempo estafando.

¿Qué es lo que falla aquí? ¿Cuál es el problema? En Sociología, en la Universidad, se nos enseñaba (conclusión a la que llegó Emile Durkheim al estudiar el suicidio) que cuando un suceso ocurre más de una vez, reiteradas veces en el tiempo y en la sociedad, ya no es un suceso aislado, sino un problema social, un dolor de ese enfermo que es la sociedad, y que merece atención de los científicos sociales (sociólogos, antropólogos, etc.). Este dolor que aqueja a nuestras sociedades hunde sus raíces en diversas causas. Yo solo voy a tratar una: el colapso de un sistema capitalista neoliberal donde las continuas burbujas van explotando, donde si el Estado y la Administración no tienen control del mercado este provoca errores graves, donde se podría hablar incluso de soberbia y avaricia del ser humano, y donde la obtención de beneficios rápidos se antepone al servicio profesional ofertado, pese al bombardeo publicitario tipo: "Lo primero eres tú" o "Lo que nos importa eres tú".

En mi tesis doctoral traté brevemente la moralidad y/o ética subyacente en las relaciones sociales en las que dos o más individuos tratan entre sí con un fin económico. Decía: "Tratar de establecer hoy una relación entre economía y moral (no hay espacio aquí para definir la moral) puede sorprender, provocar perplejidad, e incluso provocar mofa, lo cual quizá no sea debido tanto a la economía en sí, sino a una de sus variantes, el capitalismo de mercado y el tipo de comportamiento racional que este sistema hace que el hombre adopte para obtener un beneficio, para triunfar. Hasta hace bien poco tiempo las enseñanzas basadas en valores que nos transmitían abuelos, padres y educadores, advertían sobre evitar pensamientos y comportamientos que ahora el capitalismo moderno ensalza".

Y esto no se da solo en la economía y en los negocios. Partidos políticos, y curiosamente más los que defienden el sistema neoliberal (PP), también. Toda la sociedad sufre una enfermedad que la corrompe y no creo que se pueda achacar a una supuesta naturaleza del hombre, lo cual nos llevaría a pensar en un "Homo economicus" inexistente, sino en las malas enseñanzas. Somos seres sociales y todo es aprendido. Querer ganar dinero fácil trabajando los menos posible, o sin trabajar, como bien enseñan los "TVshows" de hoy día es un grave problema al que se enfrentan las generaciones del siglo XXI. La educación en casa y en la escuela es esencial.

Raúl Reloba Ferrero. Antropólogo.

(Salamanca)

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