La columna del lector

Pájaros y pardales, todos iguales

26.01.2016 | 00:15

Esta sociedad que busca la riqueza para sus fines, los que la consiguen "apenas" se diferencian de los se quedan atrás, porque ninguno comprenderá su conciencia, ambos viven como máquinas, inmersos en una cultura errónea y lo es porque esta desatiende el presente, es decir viven para las dependencias que se crean.

Conjeturan el futuro y siempre pendientes en cómo llenarlo de bienestar, porque viven ilusorios de información, como tal las preocupaciones están cerca, este es el modelo corriente de su maquinar en general, de esta naturaleza. Los días se les pasan sin sustancia, porque desaprovechan memoria, sus vidas insulsas desfilan por los meses y años a mil por hora, no se conciertan de todo lo que han hecho, simplemente si hacen un viaje se les hace cargante, están deseando alcanzar la meta, pero cuando llegan a su destino les cuesta acordarse del trayecto, parece como si apenas hubiesen coexistido con el desplazamiento. Pero donde se hallan ahora de nuevo en poco rato, se dan cuenta que no ven lo que desean y pronto les apetece ausentarse, aquí intuyen de forma vaga que otro lugar no va a ser mejor, en minutos se produce el lamento de su falta de salud aunque la posean, parece que sus vidas están colapsadas porque siempre es la misma experiencia, viven sin estimar el momento, la vida no les cunde, no les sabe a nada, las semanas se les van volando, y les fastidia que éstas se le escapen tan rápido. Con esto dicho, ¿no aclaro al carbajalino que decía? "Que ganas tengo de que venga lo que tiene que venir".

La sensación de extinguirse poco a poco, sin haber vivido lo que se esperaba de la existencia, es espantosa, ahora sus células están cargadas de una información negativa procedente de sus pensamientos, el suspiro va en aumento, le duele todo, van al médico, pero si todo está normal creen que puede haber un error y vuelven.

Nunca analizan su identidad porque ya ponen las reglas otros, se agarran a esta comodidad aun sabiendo que están contradichas y equivocadas sus admisiones de que otros piensen por ellos.

Ahora más que nunca buscan placer para evadirse de la congoja, a él se enganchan y esta elección los oscurece más todavía, porque este placer no aporta calma, por si alguien tiene duda, el futuro que soñaban no ha asomado nunca y a más edad notan que cada día las posibilidades merman.

Pero la delicia real, que es gratis y emana del amor a uno y todo incluido junto con los otros, en su ignorancia la detestan, en la misma medida que a la observación de sus átomos y su conciencia que son los motores de sus vidas.

Pedro Machado (Carbajales de Alba)

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