Domingo 24, III del tiempo ordinario

Jesús: la Buena Noticia para los pobres

24.01.2016 | 00:16
Jesús: la Buena Noticia para los pobres

El Evangelio de la misa de hoy nos presenta el discurso programático de Jesús en la sinagoga de Nazaret. Jesús, leyendo el texto del profeta Isaías, presenta una síntesis de lo que va a ser su ministerio, su vida y sus mensajes. Lo que anuncia se hace realidad en su persona.

Lucas describe con todo detalle lo que hace Jesús en la sinagoga de su pueblo: se pone de pie, recibe el libro sagrado, busca Él mismo un pasaje de Isaías, lee el texto, cierra el libro, lo devuelve y se sienta. Todos han de escuchar con atención las palabras escogidas por Jesús.

El texto habla de comunicar liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados. Esto es lo que lee: "me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor".

El Espíritu de Dios está en Jesús enviándolo a los pobres, orientando toda su vida hacia los más necesitados, oprimidos y humillados.

En este año jubilar de la misericordia estas palabras de Jesús tienen un protagonismo especial. Muestra claramente quiénes son los destinatarios de su Buena Noticia, aquellos que esperan a alguien que les libere de su situación de pobreza y marginación, que les devuelva la dignidad de hijos de Dios que han perdido.

Jesús proclama nítidamente dicho amor a lo largo de su vida y lo sella con su total entrega en la cruz. Lo testimonia acogiendo a los pecadores, haciendo mesa con los marginados, hospedándose en sus casas, buscando lo que está perdido, sanando las dolencias de los excluidos, denunciando los ídolos de este mundo y presidiendo una nueva fraternidad donde los pobres son los primeros y los preferidos.

El gran escándalo del cristianismo es que a los pobres no les llegue el Evangelio; en otras palabras, que en ambientes pretendidamente cristianos no haya gozo para ellos, sino tal vez humillación, marginación, explotación o, simplemente, descuido y olvido. Que no haya gozo, acogida y ayuda para los pobres, es lo que en verdad hoy oculta el rostro del Dios de Jesús en nuestra sociedad. Así, el gozo para ellos se convierte en indicador de credibilidad cristiana; habrá cristianismo y habrá evangelización en el mundo en la medida en que los pobres vivan la Buena Noticia de su liberación.

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