De los faroles de reverbero al alumbrado público incandescente

Las primeras plazas de sereno se adjudicaron en 1794 con el compromiso de dar luz a quien pidiera

24.01.2016 | 00:16
De los faroles de reverbero al alumbrado público incandescente

La ciudad de Zamora en el siglo XVIII se alumbraba con faroles de aceite en las vía públicas y con velas de sebo o cera en el interior de las casas, también con candiles de aceite. En 1735 vemos un acuerdo municipal por el que se adjudica, como mejor postor del año, a don Simón de Baños "el abasto de las velas de sebo por un año que ha de dar principio el día que supere el remate, en que ofrece vender cada libra de velas de buena calidad a once quartos, con diferentes calidades y ha de pagar por razón de tributos trescientos reales de vellón los mismos que pagó el año pasado".

En 1780 el Ayuntamiento acordaba poner cuarenta faroles desde Santa Clara a la Catedral para ensayo del alumbrado. En 1835, para dar cumplimiento a una Real Orden, se acordaba establecer el alumbrado público compuesto por ciento veinte faroles comunes y veintidós de reverbero. Los faroles de reverbero utilizaban igualmente aceite, pero el sistema acoplaba al farol unos reflectores de latón que actuaban como espejo, ampliando el radio de acción, tanto en alcance como en intensidad de la luz.

Cuando en 1794 se adjudicaban las primeras plazas de sereno, estos debían comprometerse a "llevar un farol encendido durante la noche y dar luz de su farol a quien la pidiera".

El sistema de alumbrado público con lámparas incandescentes comenzó a utilizarse en la ciudad de Lockport, en el estado de Nueva York, por su inventor Thomas Alva Edison en 1885. Dos años más tarde, en noviembre de 1887, en Zamora hizo una oferta don Tomás Duch, gerente de la sociedad electricista de Albacete, en la que decía al Ayuntamiento: "El casco de la ciudad y sus arrabales, menos San Frontis, Pinilla y El Sepulcro, pueden estar perfectamente alumbrados con unas quinientas lámparas incandescentes de ocho y dieciséis bujías de intensidad y que su coste aproximado excedería bien poco de lo que la Corporación satisface anualmente por el alumbrado de petróleo. Cuesta hoy dicho sistema de alumbrado dieciocho mil novecientas cincuenta y cinco pesetas anuales y según los cálculos del señor Duch la luz eléctrica no costaría más de veinte a veinticinco mil pesetas al año, siendo de cuenta de la sociedad todos los gastos de instalación".

No obstante las ventajas expuestas en aquella ocasión el Ayuntamiento continuó unos pocos años más con el alumbrado público de lucilina (petróleo).

Por fin, en 1896, la empresa Electra Zamorana, representada por don Isidoro Rubio, contrató la creación del sistema de alumbrado público por medio de la luz eléctrica en la ciudad de Zamora, comenzando a funcionar aquellas lámparas incandescentes en mayo de 1897.

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