Día tras día

Todos contra el acoso escolar

Ni un suicidio más de menores por causa de la violencia entre niños y jóvenes

22.01.2016 | 08:31
Juan Jesús Rodero

Un dato terrible: en el año 2014 hubo en España nueve suicidios de menores, el doble casi que el año anterior, y la mayor parte de ellos, que se haya constatado, producidos como consecuencia del acoso escolar, un gravísimo problema de siempre que ahora con los medios tecnológicos al alcance de niños y adolescentes se ha hecho todavía más agudo y perverso para las víctimas. Uno de cada cuatro escolares sufre este tipo de acoso, en mayor o menor grado, siendo muchas las consecuencias nefastas que la situación puede originar a quienes la padecen, aunque no se llegue a fatales resoluciones o intentos de ello. La policía investiga y los jueces han metido ya en correccionales y reformatorios a algunos menores tras comprobarse la veracidad del acoso. Lo importante para las familias y para los colegios, ámbitos principales y fundamentales de la educación de los niños, es detectar a tiempo los síntomas y proceder en consecuencia, según insisten los psicólogos y demás expertos preocupados por el asunto. No basta con decir que son cosas de chicos, o de chicas, o de decir: pégale tú más, o de mirar para otro lado.

El menor, en su casa, suele callar porque puede considerarlo como un secreto vergonzante que en todo caso le ha acomplejado y arruinado su autoestima. La definición del acoso escolar es clara y se refiere al maltrato psicológico o físico al que es sometido de manera constante y continuada alguien por parte de otros escolares de su mismo centro, ante la pasividad o la burla del resto de sus compañeros. El patio de recreo ha sido, antes y ahora, el escenario más fácil y habitual para que los acosadores agredan de uno u otro modo a la víctima elegida. Suele ser un colegial cuya vulnerabilidad puede hacerse patente a través de un carácter más tímido, retraído y sensible, o de alguna seña de carácter físico, campo abonado para unos agresores que pese a tan tempranas edades ya asoman un perfil cruel y matonista, coreado por los demás. Esta es la cuestión: los que acosan son varios, los observadores son más, y la víctima está sola, pues la solidaridad no suele abundar en tales ámbitos. Y luego está lo otro, lo del acoso en casa a través del móvil y el ordenador como continuación del acoso en el colegio.

Los padres denuncian lo que ocurre en los centros escolares y a veces en instancias superiores, y así tiene que hacerse enseguida. Es en el ámbito de la familia y la escuela, principalmente, donde debe librarse la batalla contra esos acosadores que probablemente seguirán siéndolo también en la edad adulta. Los profesores están obligados a controlar, vigilar, y tomar medidas si es preciso. El pequeño acosado no suele contarlo por no ser un chivato y por temor a mayores represalias. Y desde luego también el Estado, que por lo que a España respecta parece que ya ha reaccionado dando luz verde el Gobierno de la nación a un programa de tolerancia cero contra el acoso escolar que tendrá su punta de lanza en un teléfono de denuncia similar al de las mujeres maltratadas. No aguanto más ir a clase, decía en una despedida a sus padres un niño de 11 años que se ha suicidado en Madrid, tirándose desde un quinto piso.

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