Buena jera

El misterio de la inutilidad

¿Sirve la Confederación Hidrográfica del Duero para algo más que para poner multas?

17.01.2016 | 00:38
El misterio de la inutilidad

Desde hace unos días, unos señores circunspectos y con aspecto de espías de la Guerra Fría andan recorriendo las orillas de los ríos y regatos de esta y otras provincias. Echan ojeadas aviesas a los cauces, calculan los terrenos inundados, miden a ojo de buen cubero los caudales, palpan (con guantes, eso sí) las junqueras y espadañas aplastadas por las avenidas, apuntan, sopesan y, con sonrisas sarcásticas, insinúan algo sí como: "Je, je, je, ya tenemos al culpable; le va a caer una gorda". Y elevan las conclusiones a la superioridad, residente desde que el conde Pero Ansúrez fundara la ciudad en el centro de Valladolid.

La escena, que podría ocurrir sin haber sucedido, pertenece al famoso realismo mágico zamorano, un género que, según algunos expertos, inventó García Márquez tras pasar unas semanas en estas tierras y ver la cantidad de cosas surrealistas y absurdas que nos acompañan bajo esa capa de gravedad, seriedad y rigor que, en teoría, figura en nuestro ADN secular. (Bueno, en realidad, la provincia existe como tal desde el primer tercio del XIX para acá con lo que tampoco hay que exagerar en demasía).

Siguiendo con el cuento-verdad, los agentes-espías-anotadores de todo serían inspectores y guardas de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) y sus informes, exactos, puntillosos, científicos, rigurosos, revelarían que los culpables de las inundaciones son los regatos y los ríos y, más en concreto, el agua que llevaban, superior en muchos metros cúbicos a la permitida reglamentaria y legalmente. Además, ni los arroyos y los ríos como tales, ni su caudal propiamente dicho habían solicitado, en tiempo y forma, permiso a la CHD para salirse de madre y meterse por choperas, tierras de labor, praderas, establos, calles e, incluso, casas y tiendas de ultramarinos. De modo que urge sancionar debida y fuertemente a los referidos regatos y arroyos y advertirlos de que si persisten en su actitud transgresora y provocadora podría prohibírseles salir de sus manantiales y, en caso extremo, enviarlos a prisión o a realizar trabajos sociales para su reinserción en la vida civil.

No se rían, no, ni crean que exagero en exceso. Sería la primera vez que la CHD no multa por algo. Parece ser su única razón de existir. Esa y sacar los cuartos al personal para permisos, aforos, cambios de titularidad y cosas así. Ahora bien, si usted va buscando soluciones para un problema concreto, lo probable es que ni las halle, ni le digan dónde puede encontrarlas. Y si a usted se le ocurre insinuarlas o decir que se puede hacer esto, o lo otro, o lo de más allá, le contestarán que no está contemplado o que tiene usted que solicitarlo o que si lo aborda usted por su cuenta, le puede caer un multazo. Ejemplos hay a montones. Bastaría con preguntar a los agricultores que tienen pozos o a las sociedades y ayuntamientos propietarios de praderas y tierras cercanas a los cauces de los ríos. Se encontrarían con casos fellinianos para partirse de risa si no fuera porque dan ganas de llorar a moco tendido. Fijémonos, un suponer, en la limpieza y mantenimiento de los cauces. La CHD no los acomete porque ni tiene gente (para las multas, sí), ni presupuesto, ni (sospecho) ganas. Si los municipios o los particulares se ofrecen para llevar a cabo esa limpieza, supervisada por la "confe", se les dice que no, que solo lo puede realizar la propia CHD. Y, claro, las hierbas siguen creciendo e invadiendo el centro de los arroyos, los troncos no se retiran, las ramas rotas forman, años y años, parte del paisaje, las aguas retenidas se convierten en pequeños mudadales y tiro porque me toca. Así que llueve más de la cuenta sin pedir licencia a los jefes confederados y pasa lo que pasa. Y no en un río, ¡mecachis!, por un descuido, sino en el Valdeladrones, el Negro, el Aliste, el Frío, el Truchas, el Valderrey, el Valderaduey, el Tera, el Salado, el Mena, el Castrón, el Cebal, el Manzanas, el Valdeurcos, el Cárdena, el Boga, el Valdecarros, el Palomillo? ¿sigo?

Y, en los pueblos, mucha gente se pregunta: ¿No se podría destinar el dinero del paro a limpiar los regatos?, ¿no podrían firmar convenios la CHD con las diputaciones y la Junta para eso y otros trabajos parecidos? Vean un absurdo repetido con frecuencia: los cauces están sucísimos, llega dinero para el paro y los alcaldes, a veces, se ven y desean para encargar obras donde emplear esa pasta. Y en ocasiones, se tiran o levantan paredes innecesarias para no perder esas ayudas mientras los cauces siguen mal y amenazando con riadas. ¿Alguien lo entiende? Yo no. Ni ahora ni en los más de 30 años que trabajé en Valladolid y tuve que hacer muchas informaciones de la nunca suficientemente ponderada Confederación Hidrográfica del Duero. Quizás para entenderlo haya que recurrir a una reciente reflexión de El Roto. Dice así: "Los mayores yacimientos arqueológicos están en la Administración". Y punto.

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