La columna del lector

Un año que termina y otro que comienza

15.01.2016 | 00:16

En la misa vespertina del pasado día 31 de diciembre, el sacerdote en su homilía hacía referencia a la acción de gracias que hemos de hacer por lo bueno del año que ahora finaliza y a la vez pedir fuerzas para iniciar el nuevo año con ilusión y esperanza, a fin de que podamos cumplir con nuestros deseos y propósitos.

Sabido es que siempre al comienzo del año los propósitos son múltiples y deseamos conseguir lo mejor; oímos a los fumadores: a partir del día primero de año voy a dejar de fumar; a quien ha engordado unos kilitos, que se va a poner a dieta, y así sucesivamente, voy a ir al gimnasio, voy a terminar el curso, voy a terminar la carrera que dejé antes de ponerme a trabajar, voy a estudiar inglés...

Las listas de propósitos, seamos realistas y sinceros, sirven para muy poco, honestamente, creo que es preferible hacer un solo propósito y cumplirlo, que hacer una larga lista, para al final, no cumplir ninguno, hemos de ir uno a uno y hacerlo realidad, pues no olvidemos que cada cosa necesita su tiempo y exige esfuerzo y responsabilidad, pues todos conocemos a viejos compañeros que, por múltiples causas, no terminaron sus estudios y siempre a comienzos de año nos cuentan lo mismo, que de este año que comienza no pasa, y a la vez agregan, se lo he prometidos a mi..., olvidan que cuando se promete algo es para cumplirlo, no para aplazarlo "sine die", buscando mil y una disculpas.

Recuerdo que en el libro de la asignatura de Religión de quinto de Bachillerato existía una definición de voto, que me aprendí de memoria, era del tenor literal siguiente: "Voto es la promesa de una cosa buena, que no impide otra mejor, con intención de obligarse".

Siempre que hacemos un propósito hemos de tener presente nuestra fuerza de voluntad para conseguirlo, siempre que iniciamos cualquier tarea hemos de medir nuestras fuerzas y obligarnos mentalmente, en caso contrario, seamos sinceros, vamos a conseguir muy poco, pues sabemos que nuestra naturaleza es muy frágil y desde nuestra infancia hemos de aprender a ejercitar la fuerza de voluntad en todos los campos, en el estudio, en el trabajo, en el deporte, en la lectura, en la profesión y así nos será más fácil conseguir nuestros propósitos, uno a uno, y hacerlos realidad. No corren buenos tiempos para que los niños formen su fuerza de voluntad pues la comodidad, lo fácil, lo quiero y me lo dan al instante, etc, etc? son moneda de uso corriente en nuestra sociedad.

Ahora que comienza un nuevo año, los padres tienen un tarea, un propósito que cumplir para este año de 2016, cuales fomentar la fuerza de voluntad de sus hijos, sabiendo decirles "no" a lo que no les conviene, a sus caprichos, a todo aquello que no les suponga esfuerzo conseguirlo. Los niños y jóvenes tienen que saber que para conseguir algo hay que esforzarse, que la compra de un juguete tiene un precio, y ese precio que pagan sus padres por su compra es fruto de su trabajo, de privarse muchas veces de algo lícito para que su hijo tenga un juguete, juguete que hay que cuidar y no destrozar y compartir con sus amigos; a veces los padres mal educan a sus hijos dándoles todo lo que les piden y así les va? Esperemos que no les pidan la luna, porque les vemos subir en globo a por ella.

Creo que se han de cultivar otros valores más importantes como puede ser el humor; cito el humor porque el día pasado, leyendo un artículo, me llamó especialmente la atención una frase de un conocido humorista que decía que "haciendo humor el dolor del alma se amortigua, es el mejor premio que puedes tener".

Cultivemos el humor, que falta nos hace; puede ser un buen propósito para niños y mayores para este año que comienza y no dejes que el móvil te coma la vida, como a muchos jóvenes, que nos comunica de lejos y nos incomunica de cerca.

¡No dejes que el móvil te coma la vida! Feliz Año 2016 para todos, y ya saben, los propósitos de uno en uno y a cumplirlos.

Pedro Bécares de Lera

(Zamora)

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