Líquida responsabilidad

Quienes deben velar por la transparencia democrática, no lo hacen

14.01.2016 | 08:51
Joaquín Posado

A principios de este siglo comenzamos a ver una expresión muy original: modernidad líquida. Quien desarrolló este concepto fue Zygmunt Bauman, filósofo y sociólogo de origen polaco que ha desarrollado gran parte de su carrera en la Universidad de Leeds. En 2010 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Afirma que se puede caracterizar a la modernidad como un "tiempo líquido", como una época flexible, moldeable, con estructuras sociales poco estables y de escasa duración, frente a una época moderna anterior que era más "sólida", por estable, rígida y duradera. La sintomatología de los tiempos líquidos es muy variada, Bauman no pretende agotar el asunto con una teoría cerrada y apunta algunas señales: la desregulación, la liberalización de los mercados o la flexibilización laboral. También los ciudadanos vamos dejándonos seducir por valores caducos, entre los que impera el dinero. Despreciamos la memoria, rehuimos el compromiso y la lealtad, estamos abocados al desarraigo. Todo es sacrificado en el altar del éxito. Tenemos miedo al compromiso, a establecer relaciones duraderas, a obligarnos con lazos solidarios, no vaya a ser que salgamos perjudicados en lo que a "liquidez" se refiere. Uno de los valores que primero decae es la responsabilidad, diría que vivimos en tiempos de líquida responsabilidad.

En Derecho se define responsabilidad como la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Cuando nos referimos al ámbito de la ética, sería el cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado. Ambas acepciones se encuentran en el Diccionario de la RAE. Otra cosa es encontrar comportamientos semejantes a nuestro alrededor. Estoy un poco abrumado por la escasa relevancia que tienen en nuestro país las conductas irresponsables. Todavía recuerdo con fidelidad el capítulo de "Los Simpson" en el que Bart, especialmente irritante, repite "yo no he sido" después de cometer toda suerte de atropellos y destrozos. Reía con mis hijos ante el desparpajo y el ingenio del personaje de dibujos animados. Claro, no son risas lo que me causan aquellos padres que, lo mismo que Homer Simpson, hacen dejación de su tarea y dejan a sus hijos sin la atención que necesitan, incapaces de corregirles o de, simplemente, decirles no. Parecido rechazo siento ante las personas que se dedican a la educación y enfrentan su tarea docente, como si de un combate diario se tratara, siendo el alumnado el hipotético enemigo. Rompiendo así con la confianza, la empatía y el diálogo, que deben regir en una responsable relación maestro-estudiante.

Repugnancia me causan algunos medios de comunicación, la mayoría de los escritos, entregados sin vergüenza a la manipulación más burda, a la tergiversación obscena de lo que pasa o a la venta de un producto, sea este político, económico o cultural, despreciando la realidad o inventándola. Evitando siempre, eso sí, asumir las consecuencias de sus mentiras.

Cuando se nos ocurre pedir cuentas a los cargos políticos que nos gobiernan, no encontramos cumplida respuesta, a lo sumo disculpas o acusaciones a la "herencia recibida". Son cientos, miles los políticos que desempeñan cargos de confianza nombrados a dedo por el ministro, consejero, director general, etc. y ninguno de estos agradecidos servidores del partido, gente de "casa", como dicen en el PP zamorano, trasladará a su superior en el escalafón, problema alguno; mucho menos responsabilidades por cualquier fiasco resultado de malas decisiones tomadas desde arriba. Así, nadie suele dimitir en esta provincia, ni en esta región, ni en España. Las responsabilidades se licúan y dependerán del contexto, del momento o del caradura que no las asumirá. Lo mismo que en las grandes empresas, suministradoras de servicios básicos, donde encontramos muchas dificultades para tratar con el responsable de algo que no funcione.

¿Quién asume las consecuencias de la corrupción continuada en el partido que está gobernando España? Un juez cuenta con documentación suficiente que demuestra su financiación irregular, la utilización de instituciones para malversar fondos públicos, etc. Son muchas las tramas corruptas bajo investigación, ¿cómo es que la justicia no actúa y pone a este partido fuera de la ley? El PP ha ganado muchas convocatorias electorales dopado, haciendo trampas. Salía a la pista de competición con ventaja, como los atletas que ingieren sustancias prohibidas. En cualquier otro país democrático, ya se habría impedido su participación en procesos electorales. Aquí ni tan siquiera el presidente de ese partido se da por aludido. Será porque quienes deben velar por la limpieza y la transparencia democrática, no lo hacen. ¿Se está licuando nuestro sistema judicial?

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