Flexibilidad por la unidad de España

Ojalá esta vez triunfe la sensatez para salvar al país de los extremistas

11.01.2016 | 08:33
Francisco José Alonso

Los resultados electorales han dejado a España sumida en la incertidumbre y en la inquietud. Sin haber un ganador claro, tampoco hay un claro perdedor, sino más bien todo lo contrario, que diría un chusco. Por lo pronto, tomemos aliento y perspectiva, encerremos la aprensión bajo siete llaves y consideremos con calma el panorama que nos deja el día después de la batalla.

Una primera posibilidad sería la formación de un gobierno PSOE-Podemos y seguramente es la más esperada por los votantes de izquierdas, que por algo han dado un sonoro varapalo al PP.

Pero, en primer lugar, esta posibilidad no podría funcionar sin el apoyo de varios partidos secesionistas (ERC, PNV, Bildu, Democracia y Libertad) y, en segundo, el propio Podemos es ya un partido claramente facilitador del secesionismo, al cuestionar la unidad de España. Por lo tanto, esta opción, capaz de desplazar al PP del poder, entraña el peligro, nada despreciable, de destruir nuestro país, acabando con la nación más antigua de Europa y con quinientos años -nada menos que medio milenio- de historia gloriosa.

Podemos es hijo de la gran movilización popular del 15-M, por lo que dice haber recogido su clamor y enarbolar su antorcha, pero la verdad es muy distinta. En el 15-M se exigía el fin y el castigo de la corrupción ("no hay pan para tanto chorizo", ¿lo recuerdan?), se acusaba a los políticos de dar la espalda al pueblo ("no nos representan") e incluso se hacían reivindicaciones económicas ("me sobra mes al final del sueldo") o guiños al restablecimiento de la República ("queremos un pisito como el del principito" o "España, mañana, será republicana"), pero lo que no se hizo nunca, en ninguna parte, fue cuestionar la unidad de España. Jamás, en ningún momento y en ningún lugar donde hubo manifestaciones, se reclamó un referéndum para la secesión de Cataluña (tampoco en el 15-M de Cataluña) ni de ninguna otra región. Podemos, sin embargo, no tiene escrúpulos en prometer un referéndum secesionista con tal de arrebañar votos entre los separatistas de Euskadi, Cataluña y un largo etcétera. Pero, al hacerlo, se convierte en traidor del espíritu del 15-M. Podemos, hoy, ya no solo no tiene nada que ver con aquella exigencia de regeneración protagonizada por el pueblo español, sino que está trabajando por destruir a ese mismo pueblo, facilitando la mutilación de su territorio y la liquidación de su historia.

Pero, sigamos con el recuento de las opciones que se presentan como factibles; tenemos, en segundo lugar, un gobierno en minoría formado por PP y Ciudadanos, con apoyos ocasionales para implementar iniciativas concretas. El inconveniente, en este caso, sería la inestabilidad, que sería duramente penalizada por los mercados y que daría como resultado una legislatura muy corta y un Gobierno excesivamente débil para enfrentarse al secesionismo catalán.

En tercer lugar, el Parlamento entrante puede optar por salvaguardar la estabilidad y la unidad de España como bienes superiores a todos los demás, incluyendo el cumplimiento de sus propios programas. En este caso, una coalición entre PSOE, PP y Ciudadanos tendría la ventaja de representar las sensibilidades de un porcentaje amplísimo de electores, lo que pondría fuera de toda duda razonable la legitimidad del Gobierno que se formara sobre esa base. Además, garantizaría la unidad de España y la duración de la legislatura hasta su final. Al ofrecer un marco de estabilidad inalcanzable para las demás combinaciones, los mercados seguirían favoreciendo el crecimiento y la recuperación de la economía, lo que acabaría notándose en todas las capas de la sociedad. Pero para alcanzar este gran pacto por España hace falta que los actores políticos antepongan el interés general de los españoles a sus programas respectivos, limando cuantas asperezas sean precisas para gobernar juntos. Ojalá esta vez triunfen la flexibilidad y la sensatez para salvar al país de los extremistas.

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