Buena jera

Los Reyes Magos entran en política

Hasta el "Financial Times" se ha hecho eco de la absurda y agria polémica de las cabalgatas

10.01.2016 | 00:04
Los Reyes Magos entran en política

El mundo es un remanso de paz. Y España, una balsa de aceite. No hay problemas ni se intuyen para el futuro. En el planeta Tierra ni existe la amenaza por el cambio climático, ni los conflictos de Siria, Afganistán, Yemen y otros puntos calientes, ni el riesgo nuclear encarnado ahora por Corea del Norte, ni el narcotráfico, ni el terrorismo en sus múltiples y sanguinarias variantes, ni la tragedia de los refugiados que huyen de la guerra o de la hambruna, ni la extensión de enfermedades y miserias que matan a millones de niños y adultos, ni nada de nada. El mundo va bien por sí mismo, que decían los liberales del XIX.

En España, también afectada por algunas de las lacras anteriores, ídem del lienzo. Todo es tranquilidad, armonía y excelentes perspectivas. Ni hay inestabilidad por los resultados de las últimas elecciones, ni está sobre la mesa la cuestión catalana, ni se percibe desigualdad alguna entre los más ricos y los pobres de solemnidad, ni faltan puestos de trabajo, ni se nota el paro, ni peligran las pensiones, ni se palpa descontento por los recortes, ni tienen que emigrar jóvenes y no tan jóvenes porque aquí no encuentran currelo, ni se pagan sueldos raquíticos y estas son lentejas? Una maravilla con visos de ser aún más maravillosa.

Así que sin problemas importantes a la vista, no es de extrañar que se haya desatado una ¿sorprendente? y virulenta polémica por la cabalgata de Reyes de Madrid (ya se sabe que lo que ocurra en Madrid nos atañe a todos, querámoslo o no). Me dan ganas de parafrasear a Tip y Coll cuando decían aquello de "regardez la tonterie", o sea "mirad la tontería", pero dicho en francés que a ellos les quedaba genial. Porque, a mi juicio, no cabe otro vocablo que el de "tontería", "bobada" o "memez" para definir lo sucedido. (Y que todavía sigue con entradas en Twitter, insultos en la red, cachondeos y palabras gruesas entre políticos). ¿No tienen otra cosa de que preocuparse nuestros próceres?

Los trajes de los Reyes Magos madrileños me parecieron espantosos, como si los hubiera diseñado Agatha Ruiz de la Prada, pero ¿merecían esos denuestos y, sobre todo, la bronca política que originaron? En el PP le tienen tantas ganas a la alcaldesa de Madrid que aprovechan cualquier circunstancia para sacudirle estopa y para decir que va a hundir las tradiciones, la convivencia y hasta la civilización occidental. Aun suponiendo que Melchor, Gaspar y Baltasar existieran de verdad, ¿quién sabe cómo iban vestidos hace dos mil y pico años?, ¿quién sabe con qué ropajes llegarían a Belén después de un viaje tan largo a lomos de camellos y con nieve, hielo y Herodes por medio? Podían vestir los tradicionales o los que les encalcaron en Madrid que, según la concejal de Cultura, "eran especializados y actualizados en el imaginario infantil". Solo le faltó decir que habían contratado un equipo de psicólogos, pedagogos y estetas para que revisaran las telas. ¡Qué cosas!

No le debieron parecer tan especializados y demás a Cayetana Álvarez de Toledo, exdiputada del PP, directora del Área Internacional de la fundación de Aznar y XIII marquesa de Casa Fuerte, a quien le faltó tiempo para tuitear: "Mi hija de 6 años me dijo: mamá, el traje de Gaspar no es de verdad. No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás". Y tras ella, otros cargos populares. Uno habló de la "alcaldesa comunista", otro de que los trajes parecían "cortinas de ducha" y el consejero de Medio Ambiente de Madrid escribió: "Que alguien le explique a mi hijo de 5 años por qué los reyes son reinas, no hay animales y la ropa no es la adecuada. Qué forma de cargarse la ilusión de los niños. ¿Lo siguiente qué será, la Semana Santa?" ¡Ay, los niños, los niños como disculpa!

Contestaron Carmena y los suyos, hubo réplicas, más mensajes y, hala, la cabalgata madrileña al primer plano de la actualidad. Tanto que hasta el prestigioso "Financial Times", biblia periodística del mundo económico, abordó el asunto en un reportaje en el que su corresponsal, Tobías Busck, manifiesta su sorpresa por la polémica aunque reconoce que, en España, es "difícil escapar de la política". Dice que los trajes eran "inofensivos, modernos y probablemente llegan con retraso" y apunta que "la polémica refleja, en miniatura, el drama de Podemos: ¿hasta qué punto puede impulsar el cambio social sin poner en contra a los conservadores?". Y lanza una interesantísima pregunta-andanada a Manuela Carmena y los suyos: "¿Vale la pena perder capital político en cuestiones delicadas como las procesiones religiosas o las corridas de toros o deberían los nuevos alcaldes de izquierda centrarse en temas como la vivienda y la pobreza?". Ahí queda eso. Merece la pena meditar un rato sobre ello.

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