Domingo 10, fiesta del Bautismo del Señor

Tú eres mi hijo

10.01.2016 | 00:05
Tú eres mi hijo

Suelo preguntar a los fieles si recuerdan la fecha de su nacimiento con facilidad. ¡Qué cosa tan tonta nos dice usted! A continuación pregunto: ¿y la fecha de su bautismo? Muy pocos la saben. Esta anécdota ha de servirnos para tomar conciencia de nuestro ser cristianos, de nuestra vocación a la santidad. Creo que lo tenemos olvidado y/o aparcado.

El Evangelio del Bautismo de Jesús de este domingo plantea el origen de la vocación de Jesús y de la experiencia que acompañó a ésta, que históricamente sería -pensamos hoy- más procesual que un acontecimiento puntual. Un proceso de descubrimiento en la vida, en el que Jesús fue experimentando su ser como Hijo predilecto del Padre.

La comunidad cristiana ha reflexionado sobre sus orígenes y así el escritor relaciona la profecía de Isaías (primera lectura) con el bautismo de Jesús para hacernos comprender que este acontecimiento en la vida de Jesús le capacitó para experimentar a Dios y la misión que posteriormente desarrolló: anticipar un Reino en el que los más oprimidos (presos, enfermos, marginados) recuperarán su dignidad y vida plenas.

Dice el relato que "Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego". Imágenes muy sugerentes para revelar que el Creador nunca se desentiende del trabajo transformador de la persona humana cuando se trata de construir entre todos una sociedad más humaniza y humanizadora.

Por otro lado, no nos ha de extrañar que el discurso de Pedro (segunda lectura) tenga el objetivo de mostrar que todos pueden pertenecer a la comunidad de los seguidores de Jesús sin requisitos previos (los cristianos judaizantes exigían la circuncisión) y, por tanto, cómo el Evangelio se va abriendo paso a través de numerosas dificultades (algunas que proceden del interior de la comunidad, otras de fuera de ella). Así ocurre hoy también.

Esto significa que todo bautizado, por esencia, siempre es misionero y, si no, no será cristiano. Todos llamados a ser transformados por el Espíritu y el fuego de un Dios que se acerca a todos y para todos, que rompe moldes y fronteras, que nos ama como a hijos y que como consecuencia nos capacita para ser en el mundo dinamizadores de una cultura de la vida, de la paz, de la justicia y de la misericordia. En esto consiste la vocación cristiana. ¿No te parece una tarea apasionante? Recuerda la fecha de tu bautismo.

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