Dos de mayo

El General francés Bessieres mandó intimación a Zamora para que reconociera al rey José

08.01.2016 | 23:55
Dos de mayo

El histórico Día Dos de Mayo de 1808, el zamorano Juan Nicasio Gallego se encontraba dedicado a su Capellanía en Palacio. Apenas asoman unos rayos de sol por el este cuando una multitud de madrileños se agolpa frente al Palacio Real. La muchedumbre sospecha que los soldados franceses tienen intención de raptar al infante Francisco de Paula, el menor de los hijos del rey Carlos IV y María Luisa de Parma. Carlos IV acababa de ser forzado a abdicar en favor de Fernando VII y ambos son obligados a acudir a Bayona para entrevistarse con Napoleón, donde se producen los hechos que pasarán el trono de España a manos de José Bonaparte.

Un cerrajero, José Blas Molina, accede a escondidas al palacio para saber que está ocurriendo dentro. Minutos después Molina grita: ¡Traición! ¡Quieren llevarse a todas las personas reales! ¡Muerte a los franceses! La reacción es inmediata, la muchedumbre asalta el Palacio. Murat manda un destacamento de la Guardia Imperial, acompañado de la artillería que hace fuego contra la multitud. Al deseo de impedir la salida del Infante se une el de vengar a los muertos y la lucha se propaga por todo Madrid.

Mientras esto ocurría en Madrid, poco después, el dos de junio se recibió en Zamora una proclama de Murat; el pueblo se amotinó en cuanto cundió la noticia y capitaneados por el zapatero Jacinto Herrero, invadieron el Consistorio y arrebatando la proclama la redujeron a cenizas en la Plaza Mayor, aclamando al rey y dando mueras al francés. Pedía el pueblo que se constituyera inmediatamente una Junta de armamento y defensa, que inmediatamente fue formada y presidida por el Gobernador militar don Juan de Pignateli, que luego hizo imprimir y repartir un decreto en el disponía el alistamiento de los vecinos entre 16 y 40 años.

Las señoras de la ciudad constituyeron otra Junta patriótica para preparar vestuarios y otras intendencias.

Llegó a Zamora la noticia de que avanzaban sobre Valladolid fuerzas francesas compuestas por 10.000 infantes, 1000 caballos y numerosa artillería dirigidos por los generales Lasalle y Merle. Los zamoranos pasaron a engrosar el ejército que se reunió bajo las órdenes del Capitán General de Castilla y León don Gregorio García de la Cuesta. La desgraciada batalla de Cabezón, librada el 12 de junio, en la que Cuesta salió al encuentro de las fuerzas francesas con un contingente la mitad inferior que el enemigo hizo que se retirase recogiendo los restos de su tropa dispersa para Benavente y Rioseco.

El General francés Bessieres mandó intimación a Zamora para que reconociera al rey José y recibiera dentro de sus muros 10.000 franceses bajo oferta de respetar las vidas y las propiedades. La ciudad no contestó al requerimiento y entre tanto se desarrollaron diversos aconteceres en distintos puntos de la provincia.

Las fuerzas francesas intimaron la rendición de Zamora sin resultados; observando las buenas disposiciones de defensa y suponiéndola con buena guarnición, acamparon a alguna distancia empleando los tres días sucesivos en tomar posiciones y mandar disparos de cañón. El 10 de enero de 1809, los franceses emprendieron el asalto a las once de la mañana, a pesar de la resistencia que desde las murallas hacían los adentro, lograron tomar la ciudad. En aquel aciago día y en los sucesivos los invasores se entregaron al saqueo, al pillaje, a la violación y asesinatos, arrebatando los fondos públicos, arrestando a la Junta municipal y a cuantos habían capitaneado la defensa, e impusieron a los tristes habitantes una contribución para cuyo pago fue necesario entregar los vasos sagrados que había en las iglesias.

Hasta el treinta y uno de marzo de 1813, que las fuerzas francesas huyeron de la ciudad, acosadas por las tropas anglo-hispano-portuguesas, dejaron en Zamora el exterminio, desmantelando los cuarteles, llevándose las bibliotecas de los conventos de San Francisco y de la Academia Militar con los instrumentos de su gabinete, destruyendo aquel monasterio y el de Santo Domingo, pillando cuantos objetos de valor pudieron coger.

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