La columna del lector

De magos y estrellas

08.01.2016 | 00:30

Si algún relato de la infancia de Jesús ha provocado toda clase de hipótesis, incluidas las más descabelladas, ese es el misterioso pasaje de san Mateo de los Magos de Oriente. Cuando el gran Passolini rodó su célebre película Evangelio según san Mateo dio una singular importancia a este pasaje, y a pesar de su ideología filomarxista pensó que sin este episodio teológico-histórico, su película quedaba incompleta.

Algunas cabalgatas, teniendo un origen tan rico en contenidos simbólicos católicos han sido secuestradas por los laicistas sectarios para lucir su provocación e ignorancia. Ellos pretenden sustituir a todos los protagonistas evangélicos desde el Niño Jesús hasta los Magos, pasando por María Santísima y por el glorioso san José, y a todos los ángeles y pastores. A muchos que afirman que eso de los Magos son leyendas infantiles, les encantaría que fueran como son, verdad. A muchos teólogos les molestan y mucho los relatos históricos-bíblicos de la infancia de Jesús, y como no los pueden suprimir de un plumazo, tratan, siguiendo al teólogo luterano Bultmann, de desmitificarlos; sacrifican el Jesús de la Historia por el Cristo de la fe, pero se quedan, sin Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Los Magos, de los que habla san Mateo, no lo eran como el adolescente Harry Potter que sacaba su magia negra o blanca, según cuadrasen las piedras. Los Magos de los que habla san Mateo poseen una sabiduría religiosa y filosófica que les pone en camino en busca de la verdad, la sabiduría del logos que es Cristo, camino, verdad y vida. Estos personajes no pertenecían a la clase sacerdotal persa. En los Magos la tradición ha visto, siguiendo el texto del profeta Isaías, reyes que simbolizaban los tres continentes entonces existentes África, Asia Europa. La liturgia de la Iglesia conoce sus nombres y celebra su fiesta como Epifanía, manifestación. Nuestro máximo prócer celebraba su onomástica, Melchor Gaspar de Jovellanos. Como escribe el papa emérito Benedicto XVI en su último libro "Jesús de Nazaret", dedicado a la infancia, profundamente teológico y profundamente humano: "Los sabios de Oriente son un inicio, representan a toda la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando un proceso que recorre la Historia".

Algo parecido insinúa el gran Rubén Darío en su máximo poema, "Yo soy aquel": La virtud está en ser tranquilo y fuerte/ con el fuego interior todo se abrasa/ se triunfa del rencor y de la muerte/ Y hacia Belén... ¡La caravana pasa!

J. Kepler, padre de la astronomía, partiendo del año que nació Jesucristo, entre el 7 y 6 a. C. año que se considera hoy más verosímil, opinaba que la conjunción estelar que se produjo en tiempos de Jesús era una supernova, una estrella débil o muy lejana en la que se produce una enorme explosión de manera que desarrolla una intensa luminosidad. Esta opinión es seguida por el mayor teólogo vivo que es J. Ratzinger. La ciencia y la fe no son contrarias sino complementarias en sus campos respectivos. Ningún paradigma científico por muy sofisticado que se construya puede cuestionar ni demostrar una verdad de fe revelada y creída.

Fidel García Martínez

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