La columna del lector

No es un cuento de Navidad

05.01.2016 | 23:41

Cuando el día 22 de diciembre regresamos a cada después de hacer unas compras y ver la cabalgata de Papá Noel, estaba sonando el teléfono. Al descolgarlo, me habló una voz desconocida..., no podía sospechar cuánta generosidad y honradez había detrás de aquella llamada. Aquella persona me preguntó directamente si me llamaba como en realidad me llamo y si yo había perdido mi cartera. Me quedé tan sorprendida que fui a mirar en mi bolso si estaba allí... y, en efecto, allí estaba la cartera que uso habitualmente y así se lo comuniqué. Sin embargo, aquella persona insistía en que su hijo había encontrado una cartera que contenía una tarjeta del supermercado con mi nombre y mi DNI, y que había también algunos "papeles sin importancia". Ante tanta insistencia, me puse a pensar en alguna otra cartera que usase en otra ocasión y recordé que tenía otra cartera para hacer las compras diarias y que efectivamente contenía la cartera del supermercado... y también algún dinero para las compras. Volví al bolso, comprobé que efectivamente faltaba esa cartera y se lo comuniqué a aquella desconocida voz, pero no comenté nada del dinero que debía haber en ella, porque pensé que quien me la hubiese sustraído habría cogido el dinero y después habría tirado la cartera en cualquier sitio donde después la encontró su hijo.

Una vez comprobado que la cartera era mía, conversamos unos minutos más y me explicó que habían ido al supermercado en cuestión para que ellos me localizasen, pero allí les habían respondido que, si querían, depositasen allí la cartera, pero que ellos no localizaban a los clientes. Así que entre su hijo y ella habían estado buscando por Internet hasta que, por fin, encontraron mi teléfono y me llamaron. Asombrada por tanto esfuerzo, le pregunté que quién era, pero se limitó a decirme que se llamaba Viky y acordamos encontrarnos al día siguiente para conocernos y devolvérmela. Cuando nos encontramos en el lugar acordado, no solo me devolvieron la cartera y la tarjeta, sino también esos "papeles sin importancia" que resultaron ser ¡¡55 euros!!

Aún no sé ni cuándo perdí o me sustrajeron la cartera, ni tampoco conseguí saber nada más de la identidad de aquellas personas tan admirables, pero lo que sí sé es que mientras sigan existiendo personas con el comportamiento de esta madre y este hijo podemos confiar en el futuro de una sociedad que acostumbra a destacar las malas conductas de jóvenes y adultos de cualquier clase social, ignorando o silenciando las acciones ejemplares como esta de Viky y de su hijo. Gracias una vez más.

L. Diez Jambrina (Zamora)

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