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Domingo 3, II después de Navidad

¿Estás vivo?

03.01.2016 | 00:00
¿Estás vivo?

El Evangelio de este domingo es el mismo que se proclamó en la misa del día de Navidad. Se trata del llamado "Prólogo del Evangelio según san Juan". Un texto que nos puede parecer difícil de entender. Y tienes razón, no es sencillo. Sin embargo, es un texto puramente navideño. ¿Habla del portal de Belén, de la Virgen o de san José, de los pastores o de los Magos? No hay nada de eso en él. Y entonces, ¿cómo va a ser navideño? Pues lo es. Totalmente navideño. Nos explica quién es Jesucristo. Es la palabra de Dios, es Dios como el padre, que existe desde siempre. ¿Para qué sirven las palabras? Para comunicarse, para transmitir un contenido que deseamos que sea conocido. Las palabras son nuestro modo de presentarnos ante el mundo que nos rodea. Las palabras o cualquier otro signo de comunicación. Dios se da a conocer a los hombres mediante su hijo, que es su palabra para nosotros. Ahí está el sentido de la venida de Dios hijo, Jesucristo, hecho hombre sin dejar de ser Dios, a la tierra. Ha venido para decirnos quién es y cómo nos ama Dios padre.

Las palabras humanas son creadoras: crean ideas, imágenes, expresiones, obras literarias, transmiten la realidad personal o no, etc. La palabra de Dios es creadora de vida. Produce y da la vida a quien la escucha y la recibe dentro de su propio ser. ¿Quieres tener vida, la Vida con mayúsculas? Me dirás que ya tienes vida, que estás vivo. Sin duda, así es. Tienes vida física. Pero en tu interior, ¿hay vida? Cuando te quedas solo contigo mismo, ¿te sientes vivo? Quizá huyes de esos momentos en los que enfrentarte a tu propia realidad porque no te gusta. Quizá hace mucho tiempo que no estás a solas contigo mismo, en silencio interior. Prueba en estos días. Puede ser que lo que descubras no te guste nada. No tengas miedo de ti mismo. Dios ha venido a salvarte, a curarte, a hacerte una persona nueva, mejor, perfecta. Dios ha venido a transformarte en una persona semejante a él. Sí, ha nacido hombre para que tú puedas ser parecido a Dios. ¿No es impresionante?

Y todo esto, como siempre, porque te ama. No hay más razones. ¿Puede haber alguna razón mejor? Si recibes a Dios, a su palabra, que es Jesucristo, en tu vida la luz empezará a iluminar. Cristo vino al mundo en oscuridad y en tinieblas para darle luz y calor. Y cada uno, ejerciendo nuestra radical libertad, podemos rechazar a Cristo o acogerlo. Si decides libremente recibir a Cristo, vuelve a la Iglesia. Allí te ayudarán y caminarán a tu lado para que te vayas encontrando cada día con él y vaya creciendo tu fe. Sin la Iglesia, no es posible. Jesucristo lo quiso así. En la comunidad de los creyentes él se deja conocer, te habla al corazón y va transformando tu vida. Tú solo no puedes vivir la fe, desaparecerá.

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