El lector como funámbulo

La proeza inconmesurable de Philippe Petit

01.01.2016 | 23:37
El lector como funámbulo

Philippe Petit es ese tipo que una mañana de agosto de 1974 cruzó desde una de las Torres Gemelas de Nueva York a la otra sobre un cable de acero suspendido a más de cuatrocientos metros de altura. Dado que era funámbulo, y aunque se trata de una proeza, parece una proeza previsible. Al leer ahora su libro ("El Desafío", Duomo), adviertes que lo imprevisible latía sin cesar bajo aquella iniciativa que había pergeñado unos años antes, al leer en la consulta del dentista que América comenzaba la construcción del World Trade Center. Su vida careció desde entonces de otro sentido que no fuera atravesar el espacio libre que quedaría entre los edificios (unos 60 metros).

"El Desafío" es en cierto modo un libro sobre lo imprevisible. Sobre lo que a usted y a mí, de fantasear con esa aventura, no se nos habría ocurrido nunca. No se nos habría ocurrido, por ejemplo, que con los cambios de temperatura la osamenta de las Torres se contraía o se dilataba ejerciendo sobre el cable de acero tendido de una a otra una presión que podía pasar en cuestión de segundos de tres a tres mil toneladas. Imaginen un estallido de esa naturaleza. Un látigo de acero atravesando el aire a la velocidad del sonido hasta detenerse contra una de las fachadas. No se nos habría ocurrido tampoco que los edificios temblaban, pues estaban dotados de una flexibilidad indispensable para hacer frente a las acometidas del aire.

Lo imprevisible, en fin, estaba al acecho continuamente. Gran parte del trabajo de Petit y de su equipo consistía en adelantarse a ello. ¿Qué pasaría si el día elegido llovía, si soplaba el viento, si la cima de las torres aparecía cubierta por la niebla, si fallaban los cálculos sobre el peso y las medidas de la pértiga con la que debía ayudarse a mantener el equilibrio? Conviene añadir a este cúmulo de dificultades el hecho de que todos los preparativos se hicieron de forma clandestina, evitando la vigilancia permanente de las Torres, a cuya azotea fue preciso trasladar un equipo tan voluminoso como pesado. ¿Cómo comunicar una torre con otra? ¿Cómo lanzar el cable que las uniera? "El Desafío" da cuenta de estos detalles prácticos puestos al servicio de un sueño imposible, o casi, de llevar a cabo. Su eficacia narrativa es de tal naturaleza que el lector, al final, cruza también, lleno de vértigo, el espacio que separa a las torres.

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