Orígenes del Regimiento de Zamora

El "Milagro de Empel", en 1585 durante la guerra de Francia, dejó clara la valentía del Tercio Viejo

02.01.2016 | 00:10
Balbino Lozano

La batalla de Rocroi, el 19 de mayo de 1643, sirve para marcar el punto final del Imperio español y el ocaso de su columna vertebral: los soldados veteranos de los Tercios de Flandes.

La contienda contra las tropas francesas mandadas por el joven Luis II de Borbón terminó en una desastrosa derrota de los soldados zamoranos que, mandados por el conde de Fuentes, formaban parte del ejército que dirigía el general Francisco de Melo, un noble portugués del que se dijo que le sobraba torpeza y le faltaba talento militar.

En aquella lamentable batalla murieron todos los zamoranos incluso el conde, barridos por la metralla sin abandonar el puesto que se les había confiado; aquella heroica gesta dio lugar a que en memoria de ella se diese más tarde el nombre de Zamora al Regimiento que llevó ese título, hasta que el 23 de octubre de 1987 el Regimiento Infantería Zamora 8, de guarnición en Orense, desaparecía con la reforma del ejército.

El Regimiento Infantería Zamora tuvo sus épocas gloriosas desde su creación, de las que extraemos la siguiente:

El "Milagro de Empel" fue un suceso acaecido entre el 7 y el 9 de diciembre de 1585 cerca del pueblo de Empel (Holanda). Un destacamento español denominado "Tercio Viejo de Zamora", dotado de 5.000 soldados, se salvó de una destrucción más que segura, propiciando la declaración de la Inmaculada Concepción como patrona de los Tercios españoles y de la actual Infantería.

Los soldados reclutados para este Tercio, que procedían en parte de Zamora y provincia (de ahí su nombre) formaron el Tercio Viejo de Zamora y el maestre de campo Francisco de Bobadilla fue su comandante en jefe. El hecho se enmarca en las guerras de los 80 años en el año 1585, cuando se recupera Amberes para el ejército español de entonces.

Las tropas del comandante Bobadilla se ven sumidas en una grave situación de asedio. El jefe de las fuerzas holandesas propone una rendición honrosa, pero la respuesta fue: "Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulaciones después de muertos".

El comandante holandés ordenó abrir los diques e inundar el campamento. Bobadilla ordenó replegarse a un montículo de tierra firme y allí aguantaron toda la noche. El 7 de diciembre un soldado del Tercio cavando una trinchera cerca de la Iglesia, tropezó con una pieza de madera allí enterrada, que era una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción.

Colocaron la imagen en un improvisado altar y cantaron una Salve. Al amanecer del día 8 de diciembre se desató un intenso frío que heló las aguas del río Mosa, lo que obligó al comandante holandés a ordenar la retirada de sus barcos en busca de aguas saladas para no quedar atrapados en el hielo a merced de los españoles.

Los españoles de Bobadilla, envalentonados por el cambio de los acontecimientos, cayeron sobre los holandeses rezagados logrando capturar 10 navíos y hacer un buen número de prisioneros. Rescatados con ayuda de este "milagro", y tras ochos días de asedio, el Tercio de Zamora se había salvado.

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