Carta a los Reyes Magos

Me causa pavor que los líder de los partidos tradicionales no sepan qué hacer ante esta situación novedosa

28.12.2015 | 09:03
Pedro Ángel Gallego

Hace tiempo que perdí la inocencia de creer que una carta con un destino lejano, que tenía como destinatario a unos magos de oriente, iba a colmar mis ilusiones y satisfacer mis deseos más inmediatos. Ahora, mis queridos Reyes Magos, ahora más que nunca, necesito recuperar esa ilusión para vivir esperanzado que en esta, mi querida España, todavía hay hombres y mujeres generosos que trabajan para hacer una sociedad mejor y sobretodo, más justa y solidaria.

Los últimos resultados electorales dejan al descubierto la inmadurez de un sistema político que no ha evolucionado después de 38 años de democracia. A los llamados partidos políticos tradicionales no les ha interesado cambiar nada, porque han vivido la placidez de una ficticia economía boyante que les ha permitido distribuir a su antojo y sin control el erario público. Han distribuido, a su antojo, puestos en la Administración Pública creando una Administración paralela alejada de los intereses reales de los ciudadanos, con el único objeto de acceder al poder y a los círculos de decisión.

Han perdido su raíz ideológica, porque no han sabido, o no les ha interesado adaptarla a las nuevas necesidades de una sociedad en continua evolución. La ambición personal de sus líderes les ha llevado a establecer un férreo control de sus militantes para perpetuarse en el poder y así la democracia interna es una utopía que solo figura en la palabrería de los que no han tenido vocación alguna de servidores públicos.

Han creado un entramado político partidista tan monstruoso que necesita de cirujanos eficaces que cercenen y restauren con decisión las obsoletas estructuras de gobierno creadas para que la "regeneración democrática" sea una realidad.

Me atrevo a decir, con todos mis respetos, que los ciudadanos hemos estado, durante todos estos años, adormecidos y poco participativos permitiendo que nuestra democracia llegue a estos niveles. Por eso ahora nos encontramos que los ciudadanos de a pie y los defraudados militantes nos movemos entre la lealtad atormentada, la falta de un liderazgo serio y la duda por la respuesta que puedan dar las nuevas formaciones políticas, lo que en las recientes elecciones se ha plasmado en una fragmentación del voto dejando un país, a priori, difícil de gobernar.

Me causa pavor que los líderes de los partidos tradicionales no sepan qué hacer ante esta situación novedosa que se ha planteado tras las elecciones y que los nuevos partidos marquen líneas rojas infranqueables como si estuvieran en posesión de la verdad absoluta. A unos, me da la sensación, que les mueve el inmovilismo y el orgullo de ser los veteranos y no repetir con las mayorías acostumbradas y a los otros la supervivencia política.

El reto de futuro es ilusionante y requiere de un esfuerzo conjunto de entendimiento por parte de todos, ciudadanos y formaciones políticas.

Los votantes no podemos actuar como forofos de nadie, debemos admitir que las coaliciones, siempre que sean transparentes, son legítimas y necesarias para conseguir una estabilidad de gobierno y a las formaciones políticas que han obtenido representación en el Parlamento les pediría compromiso y generosidad a la hora de decidir la gobernabilidad de este gran país.

Ya que los responsables de las formaciones políticas después de las elecciones se sienten ganadores, que por una vez sea así: que sean generosos en sus planteamientos, que las líneas rojas se conviertan en acuerdos sólidos y que no trasladen a los ciudadanos la responsabilidad de formar gobierno convocando unas nuevas elecciones generales. Esto sería un fracaso rotundo de la democracia que se traduciría en desconfianza en los mercados financieros, en recelo en nuestros socios comunitarios y dañaría, aún más, la credibilidad de una clase política que no llega a satisfacer las expectativas de los ciudadanos.

Por todo esto, mis queridos Reyes Magos, os pido que en la mañana del 6 de enero, en nuestros zapatos relucientes, todos a una, formaciones políticas y ciudadanos comprobemos que la magia y sabiduría de los Magos de Oriente es una realidad y tengamos un gobierno fuerte y estable que recupere los derechos perdidos y muestre al mundo una imagen de una España unida, sólida y creíble.

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