Crónicas de un paso de cebra

Mi vida que semeja un sueño

Hay personajes sorprendentes que tienen que ver con seres de los Bestiarios medievales

19.12.2015 | 00:13
Mi vida que semeja un sueño

Miren ustedes, como en los días que nos esperan, me aburre tanta palabrería repetitiva, inconsistente y vacía, tantos "puedo prometer y prometo", voy a dedicarme a otros temas.

Les quiero hablar de personajes sorprendentes que tienen que ver con la vida como sueño y con alguno de los seres de los Bestiarios medievales, libros ilustrados donde se explicaban las características y simbología de los animales reales e imaginarios, en los que aparecen no solo sus descripciones físicas, sino también algunos ejemplos morales sobre cada uno de ellos, que hacían posible su clasificación en positivos o negativos.

Es decir, que además de su aspecto externo, también se analizaban los elementos simbólicos que los caracterizaban, lo que fue potenciado y aprovechado por el cristianismo para plasmarlo en sus iglesias, con un fin doctrinal, y así hacer más comprensible a las gentes el significado de la virtud enfrentada al pecado, como modelo de vida y prevención.

Los animales siempre han sido reflejo del ser humano, de sus pasiones, vicios y virtudes. De ahí que los Bestiarios no solo tengan un valor simbólico, sino también apologético.

Las aves y leones pertenecían a los positivos y otros como cerdos, serpientes, dragones, arpías, basiliscos, monos, a los negativos.

Recordemos por ejemplo, la identificación de Cristo con la figura del león de Judá, la piedra clave de la iglesia, soberbiamente representado en la portada del templo de la Magdalena de Zamora, emblema cristológico polisémico que representa la Encarnación (borra sus huellas con la cola), la Resurrección (la leona mantiene bajo su vientre a las crías recién nacidas), la Misericordia divina (perdona a su adversario abatido), y la valentía y la vigilancia (ya que duerme con los ojos abiertos).

También aparecían una serie de animales híbridos, irreales, alucinantes, quiméricos, inclasificables, de carácter pagano, que se agruparon en los bestiarios fantásticos, tales como sirenas, dragones, centauros, basiliscos, arpías, centauros y un largo etc. Seres monstruosos formados por partes muy diversas, pájaros con cabeza de mujer y cuerpo de ave, dragones con alas, mujeres con cola de pez, hombres con cuerpo de caballo y muchos más, que imponían respeto, temor y fascinación en los hombres de la época.

De todos estos seres maravillosos contamos con numerosos ejemplos en las iglesias románicas zamoranas.

La comprensión a veces resulta dificultosa, ya que un mismo animal podía representar aspectos ambivalentes.

Este tipo de literatura permanece viva en el imaginario colectivo y ha seguido cultivándose por numerosos escritores, como Cortázar con su "Bestiario", Borges con "El libro de los seres imaginarios", la literatura fantástica e incluso en los juegos de rol.

Hubo un hada y mujer dragón, que alcanzó gran fama en la Edad Media, llamada Melusina. Las hadas se pusieron de moda en Francia en los siglos XI y XII. En la zona de Poitou, se las conocía también como damas blancas o luciérnagas y se aparecían sin avisar a las personas. En 1410 Guillebert de Mets la plasmó en uno de sus 15 cuadros conservados en la Biblioteca Nacional de Francia. En él se ve un baño con una enorme tina de madera donde aparece una mujer con cola de serpiente bañándose, y en la habitación contigua, un hombre con una espada en la mano, la espía a través de un agujero que el mismo había hecho en la puerta con su espada.

Su historia fue escrita por Jean d'Arras en 1393, y la tituló: "La Noble Historia de Lusignan" o "La historia de Melusina". Sus orígenes, según los eruditos se remontan a una deidad celta, protectora de la Fuente de la Sed, y otros muchos personajes que se pierden en la memoria de los tiempos.

En 1952, Mújica Láinez la convirtió en autora ficticia e inmortal de su espléndido libro, "El Unicornio", (ella recuerda en pleno siglo XX, su vida en la época de las Cruzadas en Tierra Santa, cuando se enamoró de uno de sus descendientes) "El sueño de mi adolescencia famosa, escandalosa tornó a visitarme. Pienso que debo narrarlo en seguida, para que el lector aprecie con exactitud la jerarquía excepcional de quien escribe para él. Pero, puesto que ese repetido sueño y la historia de mi vida constituyen un todo inseparable, referiré, concretamente en las primeras páginas de este libro... mi vida, mi vida que semeja un sueño, porque así lo quiso la incalculable fantasía de Dios, y el lector sabrá a qué atenerse".

Ella, una mujer de origen aristocrático, fue hija del hada Presina, la cual se había casado con Elinas, aunque antes de eso, ya le había hecho prometer, que nunca la iría a ver al baño. Tuvieron tres hijas, Melusina, Melior y Palestina, que nacieron con los poderes mágicos de la madre. El padre, picado por la curiosidad, rompió la promesa y Presina se refugió en una isla perdida. Melusina, ya mayor, junto a sus hermanas decidieron castigarlo por tal hecho y lo encerraron en una montaña mágica. La madre, ofendida a su vez porque Melusina se había entrometido en sus asuntos, (los padres de antes, sí que tenían recursos para corregir las conductas desviadas de los hijos) le lanzó un sortilegio: "Tu Melusina, por ser la mayor, la más sabia y la culpable, por este encantamiento te convertirás en serpiente todos los sábados de cintura para abajo", y así ocurrió.

Melusina se enamoró tiempo después de un tal Raimondín, cuando cazaba jabalíes y mató accidentalmente a un tío suyo. Ella estaba bailando con sus amigas alrededor de la Fuente de la Sed y el quedó prendado de la dama. Gracias a sus poderes, lo salvó de una muerte segura, demostrando su inocencia. Se casaron y ella le hizo prometer, algo parecido a lo que su madre le pidió a su padre, que nunca la vería los sábados por la noche. Fueron muy felices y tuvieron 10 hijos, cada uno con una característica diferenciadora, Guión, por ejemplo, tenía un ojo más alto que otro, Antoine tenía en las mejillas una garra de león, y a Goffroy le creció un diente más grande que el dedo pulgar, pero volvamos a la historia. Un sábado, azuzado por su hermano Raimondín rompió su promesa y la espió por un agujero, como ya quedó pintado por Mets, entonces la mujer dragón, con cola de serpiente, huyó por la ventana, agitando sus enormes alas y nunca más la volvió a ver.

Se dice que se la oía llorar amargamente, alrededor del castillo de Lusignan, en el Poitou, en Francia, perteneciente al duque de Berry, cuando alguno de sus descendientes estaba a punto de morir.

Y por qué precisamente ahí y no en otro lugar lloraba Melusina. Porque Jean d'Arras trabajaba para el duque de Berry, y este escribió para él no solo esta obra donde intentó representar, según sus propias palabras, "el mundo y las maravillas de Dios", sino también el "Libro de las muy Ricas Horas del Duque de Berry", donde aparece ella sobrevolando su castillo.

Por algo Arrás elaboró esa imagen dual, de esencia híbrida, un soplo de aire fresco, de vida metamorfoseada, amante de la naturaleza y de la alegría de vivir, la recreó como propaganda, ya que ella representó desde entonces el símbolo de un linaje, fue la Madre Lusigne, la fundadora de la rama familiar del duque de Berry, la que entroncaba a su familia con una antigüedad legendaria, y para superar la angustia existencial, ya que los convertía a todos ellos en seres inmortales.

Si quieren ver representados a estos seres fantásticos, no tienen más que pasear hasta las iglesias románicas de la ciudad. Esos seres nos están esperando, tallados en la piedra, como testigos mudos de un mundo quimérico e inventado, para recordarnos que también nuestras vidas reflejan el mismo sueño, el ansia infinita de inmortalidad.

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