San Vicente Ferrer en Zamora

A su marcha de Zamora dejó el santo a los frailes una campanilla con poderes sobrenaturales

11.12.2015 | 23:47
San Vicente Ferrer en Zamora

El 29 de marzo de 1412 se celebró el Compromiso de Caspe en el que un jurado compuesto por nueve miembros, según la Concordia de Alcañiz, señalaron a Fernando de Castilla como rey y señor de Aragón. Uno de aquellos nueve miembros era el predicador fray Vicente Ferrer el cual, luego de terminar aquel compromiso, emprendió viaje a Castilla rodeado de muchas gentes que, como de costumbre, le seguían en sus apostólicas excursiones, llegando a Zamora y hospedándose en el Convento de Santo Domingo.

Dio comienzo a su elocuente predicación en la iglesia de San Vicente Mártir y era tal la muchedumbre que acudía que no cabía en el templo. En el púlpito hay una inscripción que conmemora aquel acontecimiento con las palabras: "Hic predicabat scts Vicentius Ferrerius".

Predicó en las plazas para que pudieran escucharle las multitudes. Cuentan las crónicas que a su marcha de Zamora dejó el santo a los frailes una campanilla que tenía el poder sobrenatural de sonar para anunciar la muerte de un religioso, la cual se conservó mucho tiempo en el convento, con una tabla que decía: "Esta campanilla es la que milagrosamente se tañía tres días antes de que muriese algún religioso en esta casa".

Vicente Ferrer nació en 1350 en Valencia. Se hizo religioso en la Comunidad de Padres Dominicos y a los 21 años ya era profesor de Filosofía en la Universidad.

Siendo un simple diácono lo enviaron a predicar a Barcelona. La ciudad estaba pasando por un periodo de hambre porque los barcos portadores de alimentos no llegaban. Entonces Vicente en un sermón anunció una tarde que esa misma noche llegarían los barcos con los alimentos tan deseados. Al volver al convento, su superior le regañó por dedicarse a hacer profecías de cosas que él no podía asegurar. Pero esa misma noche llegaron los barcos, y al día siguiente el pueblo se dirigió al convento a aclamar al predicador.

Durante treinta años, Vicente recorre el norte de España, el sur de Francia, el norte de Italia y Suiza, predicando incansablemente.

Los últimos años, ya lleno de enfermedades, tenían que ayudarle para subir al sitio donde iba a predicar.

Murió en plena actividad misionera, el 5 de abril de 1419. Fueron tantos los milagros y tan grande su fama, que el papa lo declaró santo a los 36 años de haber muerto, en 1455.

Se cuenta la siguiente anécdota: El santo regalaba a las señoras un frasquito que contenía el "Agua de Fray Vicente", recomendándoles: Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de agua en la boca y no la trague mientras el otro no calle. El efecto era que con el agua en la boca no podía contestar al marido y así no había pelea.

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