Día tras día

Políticos a la intemperie

Los candidatos ya están en la calle con sus mesas petitorias de votos

02.12.2015 | 00:08
Políticos a la intemperie

Una campaña electoral más y aunque todavía no haya comenzado oficialmente ya están los políticos en la calle, a la intemperie, la única vez que se les ve, salvo en las fotos. Con sus mesas petitorias, petitorias de votos, claro, a las que únicamente se acercan quienes les van a votar sí o sí, pues los demás les huyen sin disimulo alguno. Como les suelen rehuir en los mercados, en los barrios y otros sitios con afluencia de público por los cuales los candidatos se dejan caer, aunque no con gusto pues tienen muchas veces que oír lo que no quisieran y sufrir duros desplantes. Pero todo sea por los votos y seguir o estrenar el cargo, el despacho, el coche oficial y sobre todo: el buen sueldo.

Eso sí, al día siguiente, ganen o pierdan, al elector ni agua. Vuelven a encastillarse y a olvidarse tanto de quienes les votaron como de quienes no les votaron. A la gente no se la necesitará hasta los próximos comicios. Así que no habrá que volver a ponerse en contacto con la calle, derrochando sonrisas y apretones de mano, aunque eso sí, al llegar luego a su casa, desinfectarse es lo primero que hagan. Vaya tropa, dispuesta a todo por gozar de algún espacio de poder. Incluso a hacer el ridículo, bailando en público o en la televisión o montando en globo o tocando la guitarra.

Lo peor para ellos es que nadie cree en estas simpatías, campechanías y cercanías tan espontáneas, que desde luego poco o nada influyen en los votantes, ni para bien ni para mal. Pero es el único recurso que queda, sobre todo cuando no se han hecho los deberes o se han hecho tan mal que el suspenso general es inevitable. Ahí está el PP que tras el fracaso de la campaña del miedo, del yo o el caos, en las elecciones municipales y autonómicas, ha dado un nuevo giro a sus actividades, un paso al frente, lanzándose al monte, dando la cara sin advertir que ya es demasiado tarde y que es el partido que más antipatías suscita. Hay y habrá mítines, sí, para echar carnaza a los suyos, pero esta será sobre todo la campaña del espectáculo por encima de la información. No quiere debates Rajoy, excepto con el candidato del PSOE, pero acepta estar presente en alguno de ellos con la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, o simplemente no asiste como ocurrió en el debate por internet del lunes, con Sánchez, Rivera e Iglesias.

Rajoy es demasiado serio para entrar al trapo, dicen los del PP, o sea para jugar en ese terreno ajeno, y se reserva para la acartonada TVE. En realidad, y todo el mundo lo sabe, tiene miedo del riesgo que el cara a cara supone, sobre todo después de las experiencias anteriores. Se entiende, pues con Ciudadanos repitiendo que de ninguna manera apoyará a Rajoy, tal vez no le quede otro remedio que, después de ganar, dimitir a favor de su vicepresidenta para facilitar una gobernación de pactos puntuales con los centristas, algo de lo que cada día se habla más y que se vería con muy buenos ojos en amplios sectores del partido. O eso, o dejar que gobierne el PSOE con Ciudadanos. A no ser que a la postre sea Rivera el candidato más votado, lo que haría posible una entente no PP-Ciudadanos sino Ciudadanos-PP.

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