250 hostias

Hace años vimos en la tele "cómo cocinar un Cristo" mientras freían un crucifijo

29.11.2015 | 00:18
250 hostias

Desde hace unos días conocemos (antes no lo conocía nadie) la existencia de un "artista" que en una exposición de "arte" financiada con dinero público no ha tenido otra ocurrencia que formar la palabra "pederastia" con 250 hostias consagradas obtenidas sacrílegamente en eucaristías, como el mismo autor confiesa. Aparte de la poca imaginación de los que ya no saben qué hacer para llamar la atención y del grado de degradación del arte, nos preguntamos qué odio o trauma sexual no resuelto puede mover a alguien a hacer cosas así, tan desquiciantes para muchos no creyentes que son normales y respetuosos, y tan sacrílego para los católicos.

Esto no es nuevo. Hace años ya vimos cómo se nos explicaba en la tele "cómo cocinar un Cristo" mientras freían en una sartén un crucifijo entre risotadas, y también cómo otro "artista" mostraba en una exposición también pagada con fondos públicos fotos pornográficas que representaban a Jesús, la Virgen María y otros santos. Últimamente asistimos al espectáculo de unas señoritas que se pasean desnudas por iglesias y capillas universitarias, o desfilan en la "procesión del santísimo coño". Y como estas muchas otras muestras de intolerancia anticatólica que apela a la libertad de expresión y a un supuesto "derecho a la blasfemia".

Lo más grave no es que estos hechos ocurran, sino que adquieran carta de ciudadanía y terminen protegidos por ley. No se entiende cómo algunos partidos políticos defienden en sus programas la eliminación de los artículos del Código Penal que prohíben estos actos y condenan a quien "en templo, lugar destinado al culto o en ceremonias religiosas ejecutare actos de profanación en ofensa de los sentimientos religiosos" (a. 524) y a quienes "para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican" (a. 525). No se dan cuenta de que, eliminando estos artículos, estarían dejando de proteger también los sentimientos de algunas personas cuando a alguien en un programa de televisión o en una exposición se le ocurriera explicarnos cómo formar la palabra "maricón" con las plumas arrebatadas en alguna manifestación del Orgullo Gay, o cuando alguien nos enseñara "cómo cocinar vivo un perro después de despellejarlo", o alguien formara las palabras "asesinos de niños" con restos de fetos abortados.

La intolerancia, el insulto y la ofensa convertidos en ley. ¡Qué veremos!

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