Una lucha casi imposible de terminar con victoria

Los países que contraatacan a los yihadistas se enfrentan al reto de cómo establecer líneas de lucha

26.11.2015 | 00:28
Una lucha casi imposible de terminar con victoria

La amenaza es desesperante. Los hechos están demostrando que el enemigo tiene un campo de batalla muy extenso -casi valdría decir que tan amplio como todo el mundo habitado- sin poder reducirlo a un país; ni siquiera a un continente. El país originario está en el oriente de Asia; pero ha podido golpear en Europa, en una de las naciones más acogedoras; ha cobrado víctimas en el centro de África y también en el norte de ese continente, sin aventurarnos a apoyar la acusación del jefe de Rusia, que atribuye la actitud de Turquía a complicidad con la Yijad islámica. Si hacemos caso a Putin, situaríamos esa acción en la parte oriental de Asia. Siendo esto así, ¿dónde puede localizarse la batalla?

Por otra parte, el enemigo no actúa según la costumbre general en guerras "oficiales". No se recata de actuar sin disfraz; pero tampoco se trata de un atacante que actúe con uniforme, en filas ordenadas, señalando el punto exacto de su ataque. Los países que deseen contraatacar deberán establecer una líneas de combate tan imprecisas como el país entero o la ciudad completa en la que se puede sospechar un ataque inminente. Cuando un país se decide a hacer algo así, se expone a hacer el ridículo -sirva de ejemplo el caso de la ciudad de Bruselas-. Es tan inopinable un ataque masivo a la ciudad que debe suponerse que, en caso de que la Yihad fijara su punto de ataque en esa capital, lo situaría en algún local estratégico; pero ¿dónde se suponen esos puntos? también es posible que siga el ejemplo de París y fueran varios puntos los "agraciados" con el ataque. Además la estratagema de blindaje podrá aplicarse a una ciudad relativamente pequeña; es prácticamente imposible blindar por completo a una ciudad como París, Londres o Nueva York.

Otra dificultad para la defensa es el insignificante número de los atacantes. La Yihad puede destacar -como lo hizo en París- a dos individuos solamente para que realicen un atentado como elementos materiales. ¿Cuántas parejas de individuos tiene la organización terrorista que nos ocupa? ¿Con cuántos militantes cuenta la Organización? Como ha ocurrido en París, pueden eliminarse todos o casi todos los terroristas atacantes; pero ¿cuántas "eliminaciones" harían falta para borrar del mapa a toda la Yihad islámica? Será necesaria una guerra abierta, como la emprendida por Francia y sus aliados. Y aquí ya entra la conciencia, que impide tomar parte a muchos políticos: es muy comprometido, éticamente, proceder a realizar bombardeos sobre ciudades enteras. Ya ha dicho alguien, aludiendo a los inocentes masacrados en París, "que también hay muchos inocentes en los lugares objeto de los bombardeos efectuados por la aviación francesa". Y esto es verdad; aunque pueda argüirse con la costumbre, por ejemplo de los palestinos, de utilizar "escudos humanos". Y, si esos escudos humanos son voluntarios, no pueden considerarse como inocentes, ya que se convierten en cómplices o encubridores de los atacados. Como ocurre con frecuencia, los palestinos y sus semejantes, lanzan los misiles y, a continuación, se refugian en una escuela o algo parecido, haciendo "escudos humanos" a los escolares o a los habitantes del edificio ocupado después del ataque. Está patente la complejidad del problema.

Como es también compleja la situación presentada por todo el problema en su conjunto. De aquí la casi insalvable dificultad que se presenta, no solo al que se ve obligado a responder al atentado, sino a quien quiera juzgar la situación y sus posibles remedios. Los "pros" y los "contras" son tan numerosos que siente uno cierta conmiseración para todos los gobernantes que, como François Hollande, Rajoy, Cameron, Obama y Putin tienen que resolver su estrategia en tal asunto. No es extraño, pues, que nuestro presidente quiera blindarse para tomar una decisión -en caso de verse obligado a tomarla- con el apoyo de todos los partidos políticos y, llegado el caso, -él y otros- quieran acudir a los parlamentos nacionales para que les ayuden a decidir, sin riesgo a las feroces críticas que suelen realizar políticos de la oposición a su Gobierno. Así ocurrió con la Guerra de Irak, aunque España no llegó a la guerra, sino a reconstruir el país para la paz.

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