Domingo 22, solemnidad de Jesucristo, rey del universo

¿Mi reino no es de aquí?

22.11.2015 | 00:08
¿Mi reino no es de aquí?

Una falsa interpretación del texto que encabeza este comentario conduciría a pensar que si el reino de Jesús no es de este mundo, poco tiene que hacer el cristiano aquí abajo. La tarea cristiana sería apartarse de la vida pública, dedicarse a la contemplación, huir de este ajetreo cotidiano para esperar un más allá esperanzador donde se implante el reino de Jesús.

Interpretación que entra en conflicto abierto con gran parte del Evangelio donde se compara el reino de Dios con realidades que no solo están en este mundo, sino que están metidas de lleno en él con la finalidad de cambiarlo y transformarlo. El reino de Dios -que dicen que no es de este mundo- se parece a un puñado de levadura que se pierde en la masa, a un grano de trigo que se pudre en la tierra, a un dracma perdido en el suelo? Difícilmente podríamos entender cómo Jesús -si su reino no es de este mundo- invita a sus discípulos a ser "luz del mundo" y "sal de la tierra". Luz que ilumina -y que si se mira deslumbra y ciega-; sal de la tierra que desaparece en el guiso y que, si no se disuelve, molesta al paladar.

Quien sea cristiano, por tanto, deberá sumergirse en el mundo, en sus instituciones políticas, sociales o religiosas; deberá perderse como sal o levadura para -desde dentro y desde abajo- acabar con toda violencia y odio e implantar -por el amor- otro modo de ser y de vivir, donde la fuerza del poder sean palabras excluidas del diccionario. Fácilmente comprensible en contraposición con las actitudes fanáticas que estamos viviendo estos días.

La respuesta de Jesús rompe los esquemas de sus acusadores. Él no niega que es rey, pero dice que su manera de ser rey no es la de los reyes de este mundo: "mi realeza no pertenece a este orden". Y explica las diferencias. Primero diciendo en qué no consiste su realeza: "Si mi realeza perteneciera a este orden, mis propios guardias habrían luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías". Jesús no va a reinar como los reyes de la tierra: mediante la fuerza violenta de las armas o la coacción o el castigo. Su propuesta es diferente: "yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio en favor de la verdad". Su proyecto, que es el proyecto de Dios, se basa en la verdad. Es verdad aquello que favorece, transmite y defiende para el hombre la vida en plenitud; es verdad el amor que se expresa mediante la entrega de la propia vida para que la vida de los hombres pueda ser realmente vida. Es una manera de reinar que se realiza solo sobre aquellos que libremente lo aceptan, solo sobre aquellos que quieren escuchar la voz de este particularísimo rey. ¿Piensas así? ¿Estás comprometido con las realidades de tu entorno?

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