Rajoy y sus cuentas de la vieja

La figura del presidente del Gobierno está tocada, no tiene el crédito político de antaño

18.11.2015 | 00:12
Rajoy y sus cuentas de la vieja

Se lo han dicho por activa y por pasiva, hasta la saciedad, en Bruselas (CE, Banco Central Europeo), en el FMI, los sindicatos, la oposición parlamentaria y la emergente. También numerosos empresarios y analistas económicos, le dicen: "Rajoy, tus cuentas, tus presupuestos, no cuadran y estás engañando a la ciudadanía". No le salen los números; hincha algunos datos, camufla otros, y nos suelta engañifa tras engañifa. Así pretende seguir hasta Navidades, a ver si le toca la lotería electoral para volver a gobernar. Y entonces, "vuelta la burra al trigo": lo prometido hoy se esfuma mañana. Rajoy sigue siendo repudiado por la mayoría de españoles como líder político, según el barómetro que ha publicado este mes el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El presidente Mariano se está quedando solo, pero él sigue empecinado en decirnos, para ganar las elecciones, que es un tío cojonudo y que nos ha sacado de la ruina socialista, de la crisis. Mentiras tras mentiras salen estos días por su boca, obsesionado con el retintín de que sin él, España será un caos.

Aquí en Castilla y León, los presidentes del PP salmantino y de Zamora, Iglesias y Fernández Maíllo, le "echan un cable" para salvarle de la quema, afirmando a bombo y platillo -electoralistamente- que lo han hecho todo muy bien, pero que al Partido Popular le ha faltado conectar más con la sociedad española. Y ahí está el problema de Rajoy y del PP, porque creen que, con arrojo y valentía, han hecho lo que han podido y más. Pero han errado en lo esencial. Si de verdad hubieran conectado con los españoles -ese pecado del que ahora se arrepienten-, se habrían dado cuenta y se hubieran caído del burro de la austeridad. Entenderían que las reformas laborales acometidas y los sangrientos recortes realizados en esta legislatura -y cómo los han realizado- han sido un error y un fracaso. El PP no ha escuchado, ni conectado con la sociedad española. Y esta se lo va hacer pagar en las próximas elecciones generales, a pesar de los engaños y los "guisos" de las encuestas de última hora.

Gran parte de la desafección de sus anteriores votantes radica en el aislamiento con que el presidente Mariano Rajoy ha pilotado los asuntos de gobierno. Un presidente pacato que se creyó que tenía más votantes de los que en realidad le apoyaban, pues a los suyos sumó los millones de desilusionados con el zapaterismo del PSOE, y se empachó de una ficticia mayoría absoluta.

Y llegan los datos oficiales de la economía española, que no son tan boyantes como Rajoy, De Guindos y Báñez desearían. Ya van varios meses -tendencia se llama eso- que sube el desempleo. Y la poquísima calidad de los nuevos "curros" sigue siendo muy precaria, temporal por un mes o días y horas, con sueldos muy infrarremunerados. Y solo un 8,6% de los nuevos empleos ha sido de carácter indefinido. Seguimos teniendo -informes Oxfam y Cáritas- más de 13 millones de españoles amenazados de pobreza y exclusión social. El poco empleo, cuando no es estacional, es el de los servicios de hostelería y el del ladrillo, otra vez el ladrillo especulativo, ambos baratos y de baja retribución salarial.

Como ya afirman expertos en trabajo y bienestar social, Rajoy y sus ministros son como una triturada de empleo y derechos sociales. Posiblemente, según todos estos analistas económicos internacionales, España no llegue a los niveles de riqueza de PIB del 2007 hasta el 2020 o 2023.

En Zamora, concretamente, a pesar de los cacareos presuntuosos del PP, el paro registra su mayor aumento en estos cuatro años y superan los 16.500 zamoranos desempleados. El número de cotizantes de la Seguridad Social se sitúa en 56.352, casi 1.300 menos que en septiembre y única provincia de Castilla y León en la que el dato es peor que el de hace un año. Y lo más grave de esta fatalidad de datos negativos es que el tejido productivo de autónomos continúa perdiendo afiliados y los que quedan muchos lo hacen en precario. Los datos oficiales de la provincia -y de todo el país- señalan que aumentan desorbitadamente los parados que carecen de una prestación por desempleo. Y estamos a la cola de países europeos con menos políticas activas contra el paro de larga duración, que nos engulle desde hace tiempo.

El propio INE confirma que el crecimiento del PIB nacional se queda solo en 0,8% y la euforia de los de la gaviota azul se congela ante la desaceleración de la economía española. Aunque lo más doloroso y perjudicial del relato triunfalista de Rajoy sobre la recuperación de la crisis son sus omisiones, al decir que no sabe ni conoce a nadie que se haya quedado por el camino a causa de su política económica. Vergonzosa y delirante ha sido la reforma laboral de Rajoy, y no un éxito como él y sus peperos la califican. Por eso el FMI nos "lee la cartilla", y afirma que España aún es vulnerable, sobre todo con el agujero del sistema de pensiones que heredaremos del Gobierno de Rajoy. Además, la CE ha empeorado sus expectativas sobre la reducción del déficit español. Y nos recuerda que tenemos una gran deuda pública y privada, que en 2016 hay que cumplir con los compromisos de pago. Ya se habla de que habrá recortes drásticos (unos nueve mil millones de euros) y nos subirán el IBI y el IVA tras las fingidas palabrerías electoralistas.

La realidad es que la figura política de Mariano Rajoy está tocada. Ya no tiene el crédito político de antaño y sobre todo ha provocado una enorme decepción entre sus votantes y entre quienes creían que iba a administrar el país de acuerdo a su programa. Y los que presumíamos de su desvergonzada forma de gobernar a favor solo de unos cuantos, nos queda la vana esperanza de que se vaya a su casa. Esperemos que entre las uvas y la sopa de ajos navideñas, podamos brindar por la ilusión de una lotería casi utópica, que Rajoy vuelva a ejercer de registrador de la propiedad a partir de enero de 2016.

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