A propósito del Senado

Eliminar la Cámara Alta supondría un duro golpe para la cohesión de España

16.11.2015 | 11:10
Dionisio García Carnero

Lo que caracteriza a los países desarrollados es la fortaleza y la estabilidad de sus instituciones públicas. No es tener petróleo o gas en el subsuelo, ni un terreno fértil, ni una climatología favorable lo que garantiza que un país proporcione una mejor calidad de vida a sus habitantes. Eso es lo que diferencia a Finlandia de Bolivia, entre muchos ejemplos que se podrían citar.

En los últimos años, como consecuencia de la crisis económica, se han generalizado comentarios proponiendo la supresión de instituciones públicas como una solución a las dificultades económicas. Es comprensible que los ciudadanos que lo están pasando mal tengan este tipo de reacciones, pero es muy irresponsable que diferentes políticos hagan este tipo de planteamientos.

Así, me ha parecido irresponsable y populista la propuesta de Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, que hace unos días presentaba como elementos más destacados de su programa electoral la eliminación del Senado, de las diputaciones provinciales y del Consejo General del Poder Judicial.

España, como los principales países de nuestro entorno económico y político (Francia, Alemania, Reino Unido, Italia,?) tiene un Parlamento formado por dos Cámaras: Congreso y Senado. También hay parlamentos bicamerales en los países más desarrollados del mundo, como es el caso de Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón.

Esto debería conducirnos a una primera reflexión. ¿Por qué las democracias más prósperas y desarrolladas del mundo tienen sus parlamentos constituidos por dos Cámaras?

La razón fundamental es establecer un equilibrio en la representación de los dos elementos que conforman el Estado: la población y el territorio.

Si en España, como algunos proponen se suprimiese el Senado y fuese el Congreso -que representa a la población- la única Cámara, resultaría que las regiones más pobladas controlarían el Parlamento, en detrimento de las menos pobladas como la nuestra. Recordemos que Madrid tiene 36 diputados, Barcelona 31 o Valencia 16, y que a Zamora le corresponden 3 diputados o a Soria solo 2.

Para compensar este desequilibrio, Zamora, Soria, Madrid o Barcelona tienen el mismo número de senadores.

Este equilibrio entre el territorio y la población que se establece en los parlamentos bicamerales tiene por finalidad cohesionar el país, evitando que se acentúen las brechas económicas y sociales entre la población, con independencia de que vivan en territorios más o menos poblados.

En España, donde la distribución de la población es muy poco homogénea, esto es especialmente importante, pues la población se concentra cada vez más en las zonas costeras mientras el interior del país, salvo núcleos concretos como Madrid o Zaragoza, está cada vez más despoblado.

En Perú, un país que conozco bien, Fujimori eliminó el Senado en los años 90 del pasado siglo y desde entonces solo existe el Congreso de los Diputados. El importante crecimiento que ha experimentado el país en los últimos años ha acentuado aún más la brecha entre las zonas más pobladas de la costa y las menos pobladas del interior. En la sierra y en la selva, donde la población es escasa, el crecimiento económico del país no se ha notado porque su escasa representación parlamentaria desmotiva la atención de los partidos políticos. A los habitantes de estas zonas poco pobladas les da igual que gobierne la derecha, la izquierda o el centro, porque a ellos nadie les presta atención, y eso, además de injusto, constituye un severo riesgo de fractura social y es un campo abonado para el populismo.

No creo que Rivera, ni quienes abogan por la supresión del Senado, tengan como propósito abrir una brecha aún mayor entre unas y otras zonas de España, pero estas propuestas que buscan agradar el oído de la gente pueden acarrear graves e indeseables consecuencias.

El Senado puede y debe reformarse. Pueden modificarse sus competencias, su composición, sus funciones,... Pero eliminar el Senado supondría un duro golpe para la cohesión de España, y Zamora, como todo el interior del país, sería la más perjudicada.

(*) Candidato del Partido Popular al Senado por Zamora

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