Educar en verdad

No hablar de Dios es tanto como engañar

15.11.2015 | 00:27
Educar en verdad

Me resisto a creer que educar hoy en nuestros centros de enseñanza deba limitarse a transmitir conocimientos a los alumnos. Educar de verdad y en verdad ha de ir un poco más allá: hay que transmitir una cosmovisión. Y la religión lo es, sin duda. Es indispensable, hoy más que nunca, que en la formación de los chicos se estudie esa triple relación desde la que siempre se ha preguntado y comprendido el ser humano: los otros (las personas), lo otro (la Naturaleza) y lo absolutamente otro (Dios). Negarse a formular y responder estas tres cuestiones desde el ámbito de la religión es claramente discriminatorio. ¿Acaso las demás asignaturas no enseñan igualmente su punto de vista sobre la vida y los acontecimientos históricos?

Si no queremos educar generaciones "miopes" hay que defender ante políticos y gobernantes la importancia de la enseñanza religiosa en los centros educativos que han de tener como misión principal la transmisión de valores, no solo de temarios o libros de texto. Los alumnos necesitan que se les introduzca el concepto de Dios para que alguna vez pongan en duda el "ombligismo" de creernos dioses y señores de toda la realidad conocida y por conocer. No hablarles de Dios es tanto como engañarles: en el sentido de que les estamos haciendo creer que todo pasa por uno mismo. Pero si se introduce la variante religiosa después se puede afrontar cualquier otro tema de manera muy diferente. Por ejemplo: en el tema de la sexualidad, ¿basta con informarles diciendo que no existen cigüeñas que traigan bebés?; ¿todo eso no debería ir acompañado de valores que les ayude a decidir responsablemente qué hacer con su sexualidad como expresión del amor?

En nuestra sociedad consumista del "usar y tirar" urge potenciar la esencia de la función educativa; urge transmitir el concepto de trascendencia en las principales religiones con el objetivo de que los alumnos descubran que no lleva muy lejos acentuar solo el aquí y el ahora; urge hacerles conscientes de que lo que se hace en el presente no termina aquí mismo sino que tiene una proyección de futuro. Por cierto, me alegró la noticia de este diario sobre el aumento de la matrícula en religión al 150 % en primero de bachillerato. Pero bastante más me hubiera alegrado que la razón de ello no fuera tanto el interés de que sea puntuable sino que fueran cada vez más los padres que ejercen el derecho a educar a sus hijos en valores religiosos. Nunca faltarán determinados grupos de presión para que "papá Estado" prive de esta formación y a mí me enseñaron en el Instituto Claudio Moyano (no en clase de religión) que los totalitarismos tienden a copar la educación para llevar el agua a su propio molino tal y como fue, por ejemplo, el caso del nazismo.

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