Crónicas de un paso de cebra

Espacios paradójicos, garabatos indescifrables

El surrealismo entendía la vida como la cara más gris de la realidad

12.11.2015 | 00:16
Espacios paradójicos, garabatos indescifrables

Edvard Munch explicaba así cómo surgió la idea de pintar uno de los cuadros más famosos de fines del siglo XIX, "El Grito de la naturaleza y del hombre", con el que se inició un nuevo concepto estético y temático con el que expresar la angustia existencial y el tormento continuo del ser humano.

En él aparece un hombre en el centro tapándose los oídos, preso de la angustia. El espacio que lo rodea y el cuerpo están deformados, su cara recuerda a una calavera, le siguen dos personas de negro. Se trata de una impresión subjetiva, el autor expresa emociones que articulan la percepción generalizada del mundo que nos rodea.

"Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla, inexplicablemente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito, de la naturaleza".

Para que este cuadro surgiera fue necesario que algunos filósofos antes, pensaran ese mundo de una manera diferente, desde la irracionalidad. Así se produjo un cambio de mentalidad cualitativo. Todos ellos defendían un ideal común, la angustia existencial y todos ellos ofrecieron un antídoto para superarla. Citaremos entre otros a Kiekergard, quien afirmaba que el hombre debía crear personalmente su moral, pero al apoyarse en la razón, la angustia y la culpabilidad se sentía como algo ilimitado. (Pensaba, como cristiano, que esa angustia se podía superar por la fe en Dios).

Shopenhauer, quien mantuvo siempre una actitud pesimista ante la vida. Por la razón, no se podía comprender la existencia. El intenso deseo de vivir es lo que conducía a la angustia. La solución para él se encontraba en la resignación.

Nietzsche, el cual negaba la inmortalidad del alma y la idea de Dios. No había valores, el valor supremo era la vida, el hombre debía crear su propia moral, más allá del bien y del mal, reivindicó lo dionisiaco y la creación orgiástica e irracional.

Bergson, defendía una vez más que por la razón no se puede comprender la vida, sino solo con la esencia vital.

Carl Marx, creía que el origen social de la represión se encontraba en la dominación del hombre por el hombre, en las desigualdades económicas y en las presiones de la moral dominante.

Y esas ideas dieron lugar al nacimiento del surrealismo y de los movimientos de vanguardia. En 1924 André Bretón publicó su "Manifiesto del Surrealismo" en el que se defendía la liberación total del hombre de los impulsos reprimidos según Freud, a través de los actos subconscientes y de los impedimentos impuestos por la sociedad burguesa.

La vida para los surrealistas era la cara más gris de la realidad, por eso intentaron crear una superrealidad que se encuentra apresada en el interior del hombre y liberarla. La liberación del poder creador surge no de la razón, sino de la imaginación, eso es lo que permite dar rienda suelta a lo pasional, a las emociones. El lenguaje creativo entonces, no se dirige entonces a la razón, sino a lo inconsciente a modificar nuestro estado de ánimo y es ahí donde el acto de comprender el arte y la vida conlleva un giro de 360 grados. Este lenguaje se basa en la escritura automática, es decir, se escribe lo que se le ocurre a uno de repente, sin pensar. Se le da vital importancia a las intuiciones, a las revelaciones y a los sueños.

Por otra parte, la ciencia que se ocupa de clasificar las anomalías y monstruosidades de los organismos vegetales y animales se la denomina Teratología.

Y todo esto viene a cuento, porque se conservan en el mundo, dos Códices o libros manuscritos, uno del siglo XV y otro del siglo XX, que aún no han podido ser descifrados, porque sus autores los escribieron de forma automática y encriptada, en los que se reflejan mundos imaginarios, espacios paradójicos sin interpretación lógica, textos y dibujos sin sentido, enciclopedias visuales de mundos desconocidos que cuando empezamos a leerlos nos sentimos como niños que aún no saben leer ante un texto repleto de palabras que semejan garabatos.

En el siglo XV, Voynich escribió un manuscrito de difícil interpretación, se encuentra en la Universidad de Yale y hoy en día no se ha encontrado aún su significado. No se sabe ni el idioma en que está escrito, ni cuál fue la intención del autor al hacerlo. Tiene numerosos dibujos y anotaciones en clave y otras, las menos, en alemán. Presenta diversos temas, botánica, biología, farmacia, astrología y al final parece que hay un recetario. Algunas de las paradojas que se aprecian son la vestimenta que parece del siglo XIII, según los entendidos y la pintura de un girasol, por lo que en parte fue escrito tras el descubrimiento de América.

En el siglo XX, Luigi Serafini, arquitecto y diseñador industrial italiano, escribió otro, entre 1976 y 1978, el "Codex Seraphinianus".

Ni él mismo ha podido dar con su significado, llegó a rehusar comentar las imágenes que él mismo había dibujado, no digamos el alfabeto que usó, desconocido por supuesto hasta ahora. Sus palabras fueron: "He intentado describir las imágenes del Codex (?) pero lamentablemente ¡no he podido con ellas!".

También presenta diversas secciones, el mundo natural: flora, fauna, física, y las humanidades: historia, ropa, cocina, etc. Contiene ilustraciones, como la planta que sangra o la pareja que hace el amor y acaba convertida en un caimán.

Cuando los ojeas, te das cuenta de que nunca podrás entender nada, porque nada tiene que ver lo que significan las palabras con la lógica imperante, pero ahí están.

Por eso les aconsejo que en estos tiempos que corren, se hagan con algún libro teratológico.

Tal vez así sabremos que "nunca" podremos entender todo lo inexplicable que ocurre en nuestras sociedades sin sentido, supuestamente avanzadas, si el valor supremo es la vida; las paradojas, donde en pocos kilómetros se pueden ver escenas idílicas al lado de cruentos enfrentamientos, donde el cielo se vuelve rojo como la sangre y la gente grita de miedo, al sentir la angustia a su alrededor, sin que nadie de verdad acuda en su ayuda o solucione sus problemas. Todo se reduce a pura palabrería vacía y sin sentido.

Qué lentamente avanza la humanidad.

.acnun euq aviv sám átse aitsugna aL.

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