Día tras día

Actualizaciones

La democracia necesita reciclarse para que sea más participativa y representativa

08.11.2015 | 00:35
Actualizaciones

Llevamos años, bastantes ya, o que se han hecho muy largos, con la moda de las actualizaciones, que se ha implantado firmemente en una sociedad que se expresa a través de un lenguaje eufemístico, políticamente correcto, con el que herir sin infectar la herida. Un lenguaje tecnológico, pudiera afirmarse, para la era de la tecnología desatada, acelerada, en la que todos y cada uno de sus componentes resulta obsoleto nada más salir a la luz para ser devorado por el consumo. Y eso es así, aunque en ese aspecto, la mayoría tampoco vaya más allá del smartphone y la tableta.

Fueron los ordenadores domésticos los que empezaron con el rollo de las actualizaciones. Había que estar no al día sino al minuto, al instante. Y el aparato tardaba en arrancar y en cerrarse cada día más para dar cabida a las actualizaciones en su configuración. Son imprescindibles, decía el experto. Y desde luego que parecían indicar un constante afán de superación y perfección digno de encomio y más en un país como el nuestro, tan dado siempre a la chapuza. Luego les llegó el turno a los móviles y las tabletas, que se llenaban cada día de actualizaciones que hacían ir peor y más lento el dispositivo, lo que a su vez originaba y origina la paranoia de que el usuario esté obsesivamente pendiente de otra actualización más que mejore el funcionamiento, al que siempre se encuentran defectos, del artilugio en cuestión.

Pero la cosa no quedó en ese ámbito concreto y rápidamente se extendió a la vida política, económica y social. Ahora las cosas no se cambian, no suben o bajan, no van a menos o más, a mejor o peor, solo se actualizan. Ya todo el mundo sabe bien lo que significan algunas actualizaciones, y como ocurre en el mundo de la tecnología, las teme, sin apenas atisbos de esperanza. Una actualización en los precios supone un incremento de los mismos, así de sencillo. Una actualización de los salarios y pensione supone una congelación o un subida mínima. Una actualización de las leyes puede significar el mismo suspense de una actualización del móvil, que nunca se sabe si será para mejorar o para empeorar. Y una actualización del Gobierno supondrá el cambio de unos por otros, con distintos collares.

Lo que parece que se quiere ahora, lo que está en el ambiente, lo que la mayoría demanda, es una actualización al completo de la democracia. Para que sea total y representativa y participativa. Para echar a los corruptos e incompetentes, a los que desde su mediocridad han hecho de la política un medio de buena vida y oportunidades. Para acabar con el lastre del bipartidismo de décadas y dar entrada a unos aires no viciados, diferentes. Para cambiar a mejor. Pese a lo que digan las encuestas, porque aún se está a tiempo para no hacerse cómplice de que todo siga igual o peor. Por cierto, que parece que gana enteros la posibilidad de que, aunque el PP sea el partido más votado, sufra la actualización en su propia cabeza, pues Rivera, el líder de Ciudadanos, insiste en que no apoyaría a Rajoy para repetir estancia en la Moncloa. Y ello da pie a que se empiece a pensar seriamente en algunos ámbitos de la derecha en que, llegados a tal tesitura, no cabría otra que actualizar a Rajoy para dar paso a Soraya, la vicepresidenta.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine