El miedo

El temor al verdadero cambio nos impide dar un golpe de timón el 20-D

07.11.2015 | 00:00
El miedo

Llevo un par de meses de intensa pre-campaña electoral. Los fines de semana me pierdo por los pueblos. El resto de los días charlo con mucha gente por la capital. Y me va quedando más claro cada vez que mi adversario principal el 20 de diciembre no será ni el omnipresente PP ni el desaparecido PSOE. Menos aún el partido virtual que los poderosos han inventado a toda prisa como recambio o refuerzo por si su amado PP les desfallece. Que va, que va. Nadie me dice que no quiere saber nada de Podemos porque ama el PP, porque prefiere el PSOE o porque haya tenido un flechazo amoroso desde otro partido. Más bien, al revés. No paro de escuchar diatribas contra unas siglas y las otras. Diríase, en consecuencia, que un partido recién nacido, diferente por vocación y definición, lo tiene medio hecho con presentarse ante la gente y decir:

-Hola. No soy como los otros, esos otros que os caen tan mal.

Las cosas, claro, son más complicadas. Existe un adversario mucho más difícil de vencer que el PP y el PSOE juntos: el miedo. Hay un miedo evidente al cambio, a que pueda suceder algo diferente, a que el mañana no sea predecible. Los mayores, sobre todo, se aferran al "virgencita, que me quede como estoy", temerosos de que incluso lo poco que nos va quedando pueda desaparecer. Lo cual, por más que sea comprensible, no deja de asombrarme. Y lo digo, o sea, por lo mal, tirando a pésimo, que está el panorama. Verían los últimos datos del paro. Zamora, provincia campeona en números rojos, pese a que ya trabajan tan poquitos de los nuestros. 16.845 zamoranos están registrados para pedir trabajo. Varios miles más se dejaron de registrar hace tiempo, como nos suele documentar la EPA (encuesta de población activa). O sea, los 20.000 que cada año nos dice Cáritas que tiene que atender, porque están en las últimas o aún peor. Dato relevante: Solo 6.000 de los parados reciben alguna ayuda, prestación o subsidio. Los demás viven del aire. O de la caridad. O de la pensión del abuelo. En la provincia en sí, en los pueblos, el paisaje humano es aún más demoledor: abundan los funerales, apenas hay bodas o bautizos.

¿Cómo puede ser que ante un presente así, tan desolador, pueda existir miedo alguno a un cambio político, social y económico? ¿No deberíamos estarlo deseando? Mediten conmigo. ¿Puede haber algo peor para Zamora, para los zamoranos, que lo que hay, que lo que aún ha de venir como volvamos a permitir que nos sigan gobernando quienes lo han hecho tantas décadas con el resultado que se ve? Porque no es mala suerte, desgracia inevitable o cruel signo de los tiempos que provincias como la nuestra estén en decadencia absoluta. Es el resultado lógico de una doctrina económica en la que se prioriza siempre al poderoso, al que más tiene, a las ciudades más potentes, a las zonas más ricas. Nos lo han dicho un millón de veces: la rentabilidad de una inversión es infinitamente más alta en zonas prósperas. Y eso se aplica de modo tanto colectivo como individual. En lo individual se concentra el dinero en unos pocos, las élites, los multimillonarios, a costa del grueso de la población que se empobrece o queda directamente abandonada a su suerte. En lo colectivo, solo se acometen inversiones productivas en grandes urbes y zonas muy desarrolladas. Por eso, con esta política económica, Zamora tiene el mismo futuro que los zamoranos. Ninguno. Y esa es la política que seguiremos padeciendo si el miedo al cambio, el temor a lo desconocido, nos impide dar un golpe de timón el 20 de diciembre. Es la política que por desgracia domina el mundo desarrollado y la Unión Europea. La que siguen sumisamente el PP y Ciudadanos. Es la economía a la que acaba sucumbiendo siempre el desnortado PSOE. Es la política económica contra la que ha nacido Podemos, porque existen formas más racionales de hacer las cosas y de organizarnos. Sin inventar nada; con el aval de economistas serios, solventes y de muchísimos países; siguiendo a premios Nobel de Economía, como Josep Stiglitz; obteniendo la felicitación de foros como el Círculo de Economía, por la seriedad de nuestras propuestas económicas.

Lo que nos debería dar miedo, tirando a pánico, es que continúen las políticas y los políticos que nos han traído hasta aquí. Deberíamos temer como a un nublado a todos esos que se dicen de partidos diferentes pero coinciden en que no podemos hacer nada, que nos resignemos, que no hay cambio posible. Mienten o están en un terrible error. Claro que hay formas de hacer las cosas en las que todos podemos vivir mejor y en la que haya sitio y oportunidades para todos. ¿O de veras queremos un país y una provincia donde solo algunos vivan bien, mientras otros se dedican a buscar comida en los vertedores o el contenedor o los centros de caridad? Este debe de ser tiempo de esperanza, de alegría: el futuro vuelve a estar en nuestras manos. Dejemos el miedo para quienes llevan demasiadas décadas riendo sin parar.

(*) Secretario de Podemos Zamora

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