Crónicas de un paso de cebra

El que despierta

Canopo, el segundo astro más brillante del firmamento adorado por las civilizaciones más antiguas

03.11.2015 | 00:09
El que despierta

Para Dan Sperber, "Quienes tratan de interpretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen: no veo nada. Pero la fuente de luz está ahí, no para que se la mire a ella, sino para que se mire y se vea lo que ella ilumina. E igual pasa con el simbolismo".

De donde vengo, el antiguo reino nabateo, en Jordania, existe un mundo repleto de espíritus, fantasmas, dioses, genios, ángeles y demonios, que sus habitantes encerraban en grandes piedras cúbicas, generalmente procedentes de aerolitos, llamados betilos.

Simbolizaban para ellos y simbolizan para sus descendientes, piedras vivas, palpitantes, sagradas. También adoraban al sol a través de la figura del dios Dusharah, y orientaban sus templos y edificios de importancia hacia este y hacia una estrella supergigante, luminosa llamada Canopo, la segunda más brillante del firmamento, considerada estrella polar austral porque ayudaba a orientarse a los viajeros, junto con la Cruz del Sur, al Polo Sur. (Ahora también orienta a las naves espaciales).

Ella no solo les servía de guía, fundamentalmente iluminaba sus vidas, sus caravanas, su pastoreo, las cosechas, la meteorología y el menologio de sus actividades cotidianas.

La astronomía era considerada un saber de carácter sagrado y sobre él sustentaban su mundo.

Del estudio de este tipo de estrellas se ocupaban antes los estrelleros y ahora los expertos en Arqueoastronomía, como Miguel Martín, o el astrónomo Juan Antonio Belmonte del Instituto de Astrofísica de Canarias, quienes entre otros, nos ayudan a entender que las estrellas, como los seres humanos, también envejecen y sostienen que Canopo acabará sus días como una Enana Blanca, es decir, se convertirá en una estrella muy pequeña y caliente, de masa comparable a la del sol. Todas ellas tienen una temperatura altísima, de ahí les viene su color blanco, y su masa es ya la mitad del sol. Acaban agotando su energía nuclear, se contraerán y su brillo decrecerá, se acabarán enfriando y apagando y su densidad aumentará de forma descomunal. Se piensa que un trocito de materia del centro de una de estas Enanas Blancas es como un terrón de azúcar y pesaría en la tierra unas cien toneladas. Su comportamiento sigue siendo un gran enigma para los humanos.

La única manera de la Enana Blanca de escapar de una muerte segura o explosión de supernova es que se una a otra compañera e incorpore parte de su materia. (En todo el universo, la unión hace la fuerza).

Las teorías sobre el origen de su nombre son diversas, para unos proviene de las narraciones que los hombres contaban sobre la guerra de Troya, pues formaba parte en la antigüedad de una constelación gigante, la Argo Navis, o el navío de Argos, que fue utilizado por Jasón y los argonautas, porque el piloto del barco en que viajaban se llamaba Canopus.

Para otros, proviene del copto hablado en Egipto, "Kalinub" o Tierra dorada, pues ese era el color de la estrella vista desde el horizonte desde Siria, enrojecida a su vez por la extinción atmosférica.

En la antigua astrología hindú se la identificaba como Agastya, uno de los rishi o sabios míticos, hijo de los dioses Varuna y Mitra.

El satélite Hipparcos ya ha medido su distancia, está a 309 años luz de la tierra y su luminosidad es 13.300 veces mayor que la de nuestro sol.

Para los bereberes sigue siendo el eje de su cosmogonía, la principal estrella del cielo, la más antigua, la madre de todas las estrellas, el huevo primordial, de cuya explosión nace el universo que conocemos.

Marca además, según Pablo Guedes González, el calendario lunar guanche, también ellos provienen de los antiguos bereberes, y su culto se transfirió según algunos a la Virgen de la Candelaria, principal festividad de la isla de La Palma, donde se conservan numerosas representaciones de la misma en asentamientos rupestres, como en Malpaíses, Los Andenes o el Roquito de la Fortaleza, por citar algunos. En este último, en la cumbre de San Andrés y Sauces se conservan 8 paneles de petroglifos que miran al ocaso a la estrella Canopo.

En Canarias se conservan en la actualidad mojones de piedras superpuestas de origen volcánico que no solo son hitos, sino también representaciones de dioses y espíritus antiguos.

En Gran Canaria, en los Altos del Coronadero hay un calendario solar para indicar la época de cosechas, el pastoreo, la meteorología (como se puede apreciar, la historia se repite). Dicho lugar se compone de 36 mojones en un paredón rocoso, inaccesible. Desde él se puede ver la isla de Fuerteventura que estaba alineada varios días al año, en la época de siembra y cosechas, con Canopo y con el sol, al que los nativos llamaban Magec, el emergente, el que despierta, de ahí derivan la palabra "majorero", habitantes de la antigua Maxorata, y la típicamente zamorana, "majo".

Si alguien quiere observar a Canopo lo puede hacer a través de Youtube por el telescopio refractor Alstar Vega de Morales de Toro, desde donde la han captado.

Se comporta como un pececito de cambiantes colores que palpita y danza con ritmo pulsante por la inmensidad del universo, como diciéndonos: seguimos aquí, me han contemplado los seres humanos desde hace miles de años y sigo alumbrando vuestras vidas y vuestros sueños.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine