02 de noviembre de 2015
02.11.2015
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Una declaración institucional que se resiste

La defensa de la integración tampoco impide el reconocimiento de los hechos diferenciales

02.11.2015 | 09:20
Rafael Monje

Más vale tarde que nunca y, por fin, los grupos mayoritarios del Parlamento regional (PP y PSOE) no ocultan sus conversaciones para tratar de impulsar una declaración conjunta de la Cámara contra la propuesta de secesión del nacionalismo catalán. Bienvenidas sean estas y cuantas iniciativas pongan en valor la sensibilidad y la corresponsabilidad de Castilla y León en un asunto de Estado, porque afecta no solo a los ciudadanos de aquella comunidad sino al conjunto de todos los españoles. Que la voz de Castilla y León se oiga alta y clara y en sede parlamentaria contra la sinrazón de los separatistas no solo es una cuestión de altura política, sino de coherencia y legitimidad por lo mucho que nos jugamos todos en esta afrenta sin precedentes en la democracia.

Castilla y León ha contribuido históricamente como pocas a la configuración de lo que hoy es España, desde la comprensión de la diversidad de los pueblos que la integran y respetando los sentimientos identitarios, pero sin que ello suponga o justifique rupturas incomprensibles. La defensa de la integración tampoco impide el reconocimiento de los hechos diferenciales que conforman la nación española, siempre y cuando sean protegidos desde la equidad y el respeto a la igualdad de todos los españoles. Razones suficientes como para, al menos, intentar coser una declaración institucional que, por encima de visiones partidistas, exprese la opinión formada y contundente de Castilla y León. Pero, lamentablemente, me da en la nariz que esa declaración conjunta de las fuerzas parlamentarias va a toparse, o lo está haciendo ya, con las diferencias a propósito de la conveniencia o no de proponer a la vez un cambio en el actual modelo constitucional. Cierto es que hay puntos de la Carta Magna que exigen una adaptación tras casi cuarenta años, pero eso no debería ser obstáculo para alcanzar una iniciativa consensuada en un tema tan urgente y desproporcionado como es la deriva rupturista de Cataluña. Una declaración autóctona a la que también estaría por ver qué digestión causaría en el seno del resto de los grupos con representación en la Cámara autonómica. Aun así, habrá que confiar en la responsabilidad de unos y otros y que, ahora sí, a la segunda, vea la luz esa declaración, porque ya hubo un primer intento en pleno septiembre que acabó en saco roto.

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