Buena jera

¿Adiós al chorizo? ¡Vamos, anda!

Los informes sobre alimentación y cáncer tienen que ser rigurosos y evitar alarmas y miedos

01.11.2015 | 00:18
¿Adiós al chorizo? ¡Vamos, anda!

Está el personal revuelto y alterado con ese informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que vincula la ingesta de embutidos, hamburguesas y carne roja con el cáncer. En realidad, no se sabe a ciencia cierta si lo vincula, lo relaciona, lo alude, lo deja entrever, lo lanza a ver qué pasa, lo dice pero no lo aclara? Así que andaba yo cortando una rodajita de chorizo para matar el gusanillo a media tarde y fue oír la noticia y soltar la longaniza, la navaja y el cacho de pan que me estaba sabiendo a gloria. Como si me quemaran, oiga. Le vino bien al gato, que no entiende de estudios ni de estadísticas. Cuando quise reaccionar ya corría el artista con el embutido en la boca y una cara de satisfacción que no se le veía desde el mondongo. Yo me agarré al zumo de melocotón que, para mí seguridad, está lleno de aditivos raros y de palabrotas que desconozco, y le grité al gato:

-Te jorobas, que tú te vas a morir de cáncer colorrectal mientras yo me crío como un roble.

Y luego me zampé un yogur biolarepera, un vaso de leche desnatada, una galletita de pulpa de arroz con cardamomo y jengibre, una reducción de quinoa al Pedro Ximénez y dos filetes de alfalfa con humus de lentejas y toques de eneldo, albahaca y orégano macerado en agua gasificada. Todo sea por la salud propia y ajena ya que, según escuché poco después, el aumento del consumo de carne genera también graves impactos ambientales porque las vacas gastan mucha agua y, además, se tiran unos pedos que tiembla el misterio y nos dejan sin oxígeno. O sea que usted se come un chuletón y no solo eleva su riesgo cancerígeno, sino que le corta la respiración a los de Nueva Zelanda y seca las fuentes de Argentina. Un desastre.

-A los expertos en la cosa del condumio únicamente les falta ya por decir que el hambre también da cáncer, dice, cabreado él, don Helifeo.

-Tiene usted razón; hace años aseguraban que el pescado azul y el aceite de oliva eran muy malos porque subían el colesterol; luego avisaron de los peligros del vino y de todo lo del cerdo; más tarde hubo que quitarse del pan porque engordaba; después llegó aquello de las vacas locas y de la gripe aviar?como para hacer demasiado caso, apostilla don Jerásimo, también bastante enfadado.

-Y a todo esto, usted y yo ya pasamos de los 85; hay en el pueblo otros 12 o 14 que brincan de esa edad, dos que rondan los 100 y todos nos hemos atiborrado, cuando había, de tocino, chorizo y demás; y venga grasa a cualquier hora.

-Ya, pero andábamos todo el santo día detrás del arado o segando o acarreando o cavando y se quemaba.

-Ahí iba yo. Habrá que decirles a los de los estudios que a lo mejor lo malo no es el chorizo, sino el estar sentado y estresado.

Tienen mucha razón don Helifeo y don Jerásimo. Esto de los estudios que relacionan ciertos consumos con el cáncer es muy raro. Aparecen de improviso, generan un montón de titulares periodísticos alarmistas, acojonan al personal y, según pasan los días, van perdiendo fuelle como si lo dicho en un primer momento se desinflara o admitiera tantos matices y excepciones que se quedara en la mitad de la mitad de lo anunciado y temido. Pero la marcha atrás total ya es imposible. Bastantes consumidores recelan y prefieren, aunque sea por un corto espacio de tiempo, cambiar de hábitos. Y el productor, en este caso el ganadero, sufre pérdidas de las que tarda en recuperarse.

Nadie pide que esos informes, si tienen base científica, se oculten. Cuanta más claridad y más información, mejor, pero cuanto más rigor y más precaución, también mejor. Relacionar cualquier alimento con el cáncer supone la estocada, temporal o duradera, para ese producto y supone, además, generar en la gente un miedo que tal vez no se corresponda con la verdadera dimensión del problema. Ya han salido muchos científicos y autoridades sanitarias puntualizando el informe de la OMS. Algunos considera exagerado que se incluya a los embutidos (carne procesada los llaman) en el mismo apartado que el tabaco y la contaminación como "evidencias sólidas de que pueden provocar cáncer". Si España, tras Japón, es el segundo país del mundo en esperanza de vida y también somos de los mayores consumidores de carne y embutidos, algo no encaja o algo cojea. ¿Dónde se recogieron los datos? Si procedieran de tierras como esta llenas de ancianos que han tenido en el cerdo su principal sustento, quizás el resultado fuera otro. Pero aquí no nos preguntan.

No creo que la OMS acabe con el chorizo. Es más fácil acabar con otro tipo de chorizos y ya ven cómo andamos. Y eso que estos sí que producen cáncer en la sociedad.

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