De la desidia al olvido

La eléctrica dio los primeros pasos a costa de Aliste

28.10.2015 | 08:48
Chany Sebastián

Hace 112 años arribaron a tierras alistanas varias personas en busca del lejano oeste de Zamora, llegados de las lejanas Vascongadas, atraídos por la fiebre del oro líquido de nuestra tierra. Entre ellos, Fernando Celayeta, Manuel Tarahona y Eugenio Gasset, de Bilbao, lo hicieron a caballo. Descubrieron la estrechez y profundidad de los cañones de los ríos Esla y Duero, sabedores que convertían a Aliste y Alba en la gallina de los huevos de oro, como así fue, en una España donde la luz eléctrica llegaba condenando a muerte a velas y candiles. Regresaron a tierras vascas convencidos de que había llegado la hora de construir embalses y tenían el lugar adecuado. Así nacía, con sede en Madrid, pero con corazón y alma alistana, la Sociedad de Transportes Eléctricos, a cuyo Consejo de Administración llegaba en 1917 José Orbegozo y Gorostegui y el 3 de julio se constituía en Bilbao la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos. Siguió adelante el proyecto y el 12 de diciembre de 1924 la sociedad absorbe los derechos del Consorcio de Saltos del Duero. El Gobierno de España le daba un espaldarazo definitivo con el Real Decreto de 23 de agosto de 1926 (Alfonso XIII) dando luz verde al aprovechamiento del Duero. Solo faltaba crear la madre de todas las empresas y ello llegó el 20 de noviembre de 1928 cuando se celebró Junta General y nacía la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos "Saltos del Duero", cuyo primer y principal fin sería y fue construir el salto de Ricobayo (1929 -1934) para llevar energía y progreso al norte de España dejando solo la desidia y el olvido para Aliste y Alba. Alistanos y albarinos se vieron privados de sus mejores tierras de vega y regadío abriéndosele las puertas de par en par a muchos -a ver, qué remedio-, para buscarse la vida en América (Cuba, Brasil y Argentina), un viaje sin retorno del que la mayoría ni pudieron volver. Ochenta y siete años después la empresa que nació a costa de nuestra tierra, luego Iberduero (1944) y hoy Iberdrola (1992), no puede ni debe dar la espalda a la tierra que fue su cuna y origen. Es de justicia y ley, cuestión de dignidad, que los hijos (Iberdrola) no abandonen a su madre (Aliste).

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