Zamoreando

Juan Ángel Regojo

La muerte del empresario deja huérfanos a familia y amigos

27.10.2015 | 00:22
Juan Ángel Regojo

Lo podría haber titulado de mil maneras referidas a su persona y todas hermosas, y todas entrañables y todas sugeridoras de la personalidad extraordinaria que habitaba en la mente y en el corazón de este fermosellano de Galicia, de este incansable trabajador forjado en el crisol de los grandes emprendedores. Un empresario de pura cepa que supo llevar el apellido familiar a las más altas cotas de prestigio dentro y fuera de España. Ayer, el día se me nubló de mañana. Ayer, el teléfono sonó más impertinente que otros días, como si tuviera prisa por descargar sobre mi corazón la triste noticia.

Todavía cuando esto escribo no me lo creo. Juan Ángel Regojo Otero, mi amigo Juan Ángel, ha fallecido. Lejos de España, lejos de casa, en la luminosa y cálida Nassau, allá en Bahamas, donde vivía la familia de su recordada Ana Bacardí, la mujer de su vida, la madre de sus hijos. Había volado hasta allí para asistir al funeral de su suegra. Se sintió indispuesto y la Parca que aguardaba impaciente hizo el resto. Y nos dejó a su familia y a tantos y tantos de sus amigos, huérfanos de su risa, de su amistad, de su generosidad, de su compañía, de esos ratos de tertulia que tanto le gustaban y en los que de todo se hablaba.

Juan Ángel era un hombre de mundo, con una filosofía hermosa de la vida, con un proyecto de vida que ya había hecho realidad hace años. Volcado en el recuerdo de Ana, en su Fundación, en sus hijos, su gran preocupación siempre, y en sus nietos. Juan Ángel fue un empresario de éxito, ignoro si alguna vez se encontró de cara con la derrota, puede que cuando falleciera Ana y también su hermana Rita, porque desde muy joven tropezó con el triunfo, que en su caso no era otra cosa que superación.

Pertenecía a una de las estirpes más prominentes del mundo empresarial. Los Regojo Otero, estoy pensando también en Pedro y en Teté, son parte de la historia empresarial, de Zamora, sí, pero también de Galicia, de España y del mundo. A los zamoranos siempre nos quedará el recuerdo de San Jerónimo y todo lo que supuso entonces y ahora. A sus amigos siempre nos quedará el recuerdo de su sonrisa abierta, de su mirada escrutadora, de su bondad, porque era un hombre bondadoso, de su hidalguía. Siempre dueño de ese señorío, de esa nobleza que es vitola en la familia Regojo.

Me duele cada palabra. Me duele cada línea porque no quiero dar crédito a lo que escribo que es una despedida al amigo, al zamorano que siempre llevó a esta tierra en su corazón y en su memoria. El marido y padre amantísimo, el abuelo cariñoso y entregado, el hombre, en el sentido ontológico de la palabra. Dicen que las metas de nuestra vida son nuestros sueños y para alcanzarlas hay que darlo todo. Juan Ángel Regojo era de esa clase. Lo daba todo por alcanzar sus metas. Así pudo seguir soñando año tras año y, estoy segura que así siguió siendo hasta el último momento. Me resulta insoportable el dolor de una ausencia que siento en los adentros. Descansa en paz, amigo mío. Hasta siempre Juan Ángel Regojo Otero.

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