Secretario general de Podemos Zamora

El fin de la pobreza

El abismo entre la mayoría social y las élites económicas se ensancha

23.10.2015 | 23:56
El fin de la pobreza

Si digo que Podemos acabará con la pobreza en España si gana las próximas elecciones, me llamarán populista. Y demagogo. Si la ministra de Fomento viene a Zamora a inaugurar un trayecto de AVE, pese a no estar terminado ni tener disponible ningún AVE (vino un Alvia, que es otro modelo con menos glamour), no la llamarán nada, pero hace populismo y demagogia. Además de algo muy típico del PP: usar su poder institucional para hacer campaña partidista. Lo han hecho tantas veces, que nos resbala. Pero es asqueante el modo en que ponen las instituciones, que son de todos, al servicio de sus intereses de partido. Por suerte, el lunes tendrán que disolver las Cámaras y no podrán inaugurar nada más. Por eso los han visto inaugurando a toda pastilla: la ley les impide hacerlo en cuanto se convocan elecciones.

Lo del AVE en Zamora ha sido una pantomima en toda regla, de la que tendremos tiempo de hablar. Lo de acabar con la pobreza es el objetivo más irrenunciable del partido al que me honro en pertenecer. Para eso se creó. Para plantar cara a los que solo han sabido gobernar para la casta que se cita en el palco del Bernabéu y lugares de más lujo aún. Va siendo hora de que se gobierne para los de abajo, para la inmensa mayoría y en especial para los pobres, que cada vez son más, digan lo que digan las estadísticas de Montoro o De Guindos. De hecho, el abismo entre la mayoría social y las élites económicas se va ensanchando tanto que el riesgo de que caigamos al precipicio de la pobreza la mayoría de la población es cada vez más palmario.

Es pobre o está a punto de caer en este pozo la cuarta parte de la población de Europa -¡de la rica Europa, sí!-, y más de la cuarta parte de la población española -¡13,4 millones de personas, según último dato oficial!- y otro tanto proporcional, como poco, en Zamora. Y mientras un cuarto de los nuestros pasan hambre o no pueden poner la calefacción o van a los comedores sociales o malviven de la pensión del abuelo o no llegan ni a mediados de mes, el Gobierno sigue, tan insensible como cruel, defendiendo políticas de austeridad. Políticas que no afectan nunca a los poderosos ni a las gigantescas obras públicas, tipo AVE, en la que tantas "comisiones", ay, se pierden por el camino. Esta etapa histórica de sucesivos gobiernos PSOE y PP se va a cerrar con dos récords mundiales: el país más desigual de la eurozona y el de más kilómetros de alta velocidad del mundo (solo superado por China, que como se sabe es de dimensiones gigantescas).

Pongo en relación ambas cosas, porque la tienen. Y porque lo que habrá que elegir en un par de meses es entre volver a padecer gobiernos de AVE y de poderosos o gobiernos que piensen en la gente; gobiernos que sigan al servicio de las compañías que nos cobran la luz más cara del mundo o gobiernos capaces de plantarles cara y poner en su sitio incluso a los bancos. Fíjense bien en las próximas semanas. Anoten los solidarios, los creyentes sinceros, la mayoritaria gente decente, a qué partido le preocupan los de abajo, los machacados, los humildes, los que no tienen nada o cada vez tienen menos. Y anoten los que solo mandarán repetir a sus dirigentes, como papagayos, las cuatro frases que les mandarán escritas desde Madrid o Barcelona, para justificar que debemos seguir como hasta ahora, al servicio de los mismos, con la misma política que nos está llevando al desastre.

Podemos ha empezado a explicar su programa económico. Lo primero: nadie en este país vivirá sin una renta de supervivencia mínima de 600 euros. Ni permitiremos que haya gente trabajando sin cobrar ni 900 míseros euros: a quien cobre menos se le complementará hasta esa cantidad. Ambas medidas costarán unos 15.000 millones de euros, un 1,5% del PIB. ¿Mucho dinero? Compárenlo con lo que nos ha costado rescatar los bancos y cajas que arruinaron los que se van y sus amiguetes. Compárenlo con las escalofriantes cifras que se llevan los corruptos en cada obra pública. Compárenlo con los miles y miles de millones que los ricos defraudan cada año al fisco, porque aquí solo pagan asalariados, autónomos ¡y hasta los parados! Este país necesita con urgencia una pasada por la decencia. Estemos atentos, pues, para que no nos vuelvan a colar como representantes a indecentes, ineptos e insensibles. Hay que avanzar, claro que sí, pero sin dejar a nadie en la cuneta. Dejemos de ser ratones empeñados en votar a los defensores de gatos.

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